Un verano en el Espíritu

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Me he propuesto tener una temporada estival excepcional mediante la fortaleza de Dios y la dimensión de vida del Espíritu. ¿Te apuntas?
Dice Gálatas 5:25: "Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu".
Si aplicamos este consejo nuestra vida será abundante: tendremos paz y gozo; Dios nos usará para bendición de otros; y todo será mucho más sencillo. Pero en muchas ocasiones 'vivir en el Espíritu' se torna una meta inalcanzable. ¿Cuál es la razón? Muy simple, estamos acostumbrados a funcionar en el MODO CARNE Y SANGRE y debemos pasar al MODO ESPÍRITU DE VIDA.

Una buena forma de comenzar a hacerlo es fortalecer nuestra dimensión del espíritu por la comunión con Dios, la lectura de la Palabra, el ayuno, la alabanza, etc. Y de una forma natural (de la naturaleza espiritual) el hombre nuevo, o la mujer nueva, va tomando lugar en nuestro día a día. Empiezo a ver más de Cristo en mí, y menos de Adán (el hombre caído, propenso al mal).
Los siguientes consejos serán una pequeña ayuda para enfocarnos en esta vida victoriosa:

1. SIGUE ALERTA:
No tome vacaciones espirituales. El Diablo no descansa, siempre acecha y busca oportunidad para atacar. El Padre y Jesús siempre trabajan. Y por eso el Señor nos llamó a velar en todo tiempo con oración y súplica. Acuérdate de David, y de cómo bajó la guardia en un tiempo de guerra espiritual. Justo entonces tuvo su estrepitosa caída en adulterio. Dice la palabra que debemos orar sin cesar: 1 Tesalonicenses 5: 16-19: 16 Estad siempre gozosos; orad sin cesar; dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis el Espíritu.

2. SÉ PRODUCTIVO:
Algunos toman el verano como un tiempo de ociosidad. Ocio es necesario, porque es un tiempo ganado de descanso y diversión. Ociosidad es un tiempo robado, porque es ser holgazán y querer descansar cuando no se han cubierto las responsabilidades básicas. Aprende de la hormiga, que recoge en el verano su sustento y lo guarda para el invierno, dice Proverbios. Podemos aprovechar la época estival para organizarnos, reestructurarnos, abrir nuevas furentes de ingreso, o hasta ser más productivos si estamos en un sector que se intensifica en estos meses. Podemos ser gente diligente y aplicada en tareas de casa, en cosas de la Iglesia y el ministerio, con algunas tareas que llevamos pendientes, etc. Y por supuesto, descansa, renuévate, pásalo bien, ten un ocio merecido y sabiamente administrado.

Proverbios 10:5. El que recoge en el verano es hijo sabio, el que duerme durante la siega es hijo que avergüenza.
3. APROVECHA AL MÁXIMO LAS OPORTUNIDADES:

El verano está lleno de oportunidades: para compartir en familia; con amigos; para hacer evangelismo, retiros y encuentros especiales de Iglesia; para fortalecer el matrimonio; hacer deporte; viajar; leer libros inspiradores... ¡Aprovecha todos esos momentos! Busca y provoca tiempos de bendición con tu gente. Mira lo que aconseja Efesios 5: 15-21 (NTV) Así que tengan cuidado de cómo viven. No vivan como necios sino como sabios. Saquen el mayor provecho de cada oportunidad en estos días malos. No actúen sin pensar, más bien procuren entender lo que el Señor quiere que hagan. No se emborrachen con vino, porque eso les arruinará la vida. En cambio, sean llenos del Espíritu Santo, cantando salmos e himnos y canciones espirituales entre ustedes, y haciendo música al Señor en el corazón. Y den gracias por todo a Dios el Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

4. DESCONECTA, PERO NO DESCONECTES:
Hay muchas cosas de las que es bueno desconectar: del móvil, de ciertos ambientes y círculos de trabajo, de hábitos y rutinas, de preocupaciones... Pero ¡no desconectes de lo de Dios! Mantente en comunión con otros hermanos. Sigue plantado en la Presencia de Dios. Busca crecimiento en el Espíritu. Solo así tendrás fuerzas de búfalo, aunque haya problemas y presiones a tu alrededor:

Salmo 92: 10-15: Pero tú has exaltado mi poder como el del búfalo; he sido ungido con aceite fresco. Plantados en la casa del Señor, florecerán en los atrios de nuestro Dios.

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