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Mostrando las entradas etiquetadas como Poema

Poema: Ayúdame a descansar

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Poema: Ayúdame a descansar Descanso   al saber que estás obrando. Descanso en tu fidelidad. Descanso   al creer que estoy a tiempo. Descanso en tu bondad.   Descanso en el hoy   (Tú ya estás en mi mañana). Descanso de mi afán. Descanso   en mi relación contigo, tus brazos me dan seguridad.     Mi mente no descansa,   se mueve, piensa,   lo quiere abarcar todo; anticiparse, controlar…   Descanso en tu paz,   dejando lo que me turba a un lado,   con una oración de confianza   y un “gracias” de antemano.     Descanso   y hasta mi cuerpo lo siente:   parece que ahora puedo respirar.     Enséñame a vivir en tu descanso. No que no me canse   al servirte   o por mucho trabajar… Es que tú me das descanso, en eso,   aún en el cansancio de la vida, pues descanso es hacer tu voluntad.   Entiendo   que una forma de adorarte, una forma de seguirte   y hasta de testificar ...

Poema: Mar embravecido

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Poema: ¡Bravo, Mar embravecido!   ¡Bravo, Mar embravecido! ¡Demuestra tu bravura y fuerza! Golpea fuerte con tus olas los acantilados y sus cuevas, pues tienes días de calma y días de rabiosa marea.   Recuérdale al hombre débil tu carácter de titán, que si no se acostumbra a navegar con soberbia y prepotencia, y olvida que es solo un minúsculo cúmulo de átomos y materia en el infinito universo de energías gigantescas.   ¡Escupe espuma mientras sopla tempestad! Pronto, pasará tu cólera… Regresará el vals del océano y la luna y los playistas se bañarán sudando su bronceado con la amnesia del mortal que su conciencia ha engañado. En Fuerteventura, un 3 de abril de 2025. Juan Carlos P. Valero.

Poema: Un encuentro con Jesús lo cambia todo

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Poema: Un encuentro con Jesús lo cambia todo     No conozco mejor remedio   para los males que aquejan al mundo   que un encuentro bien sincero   con la faz del Nazareno.     Hace al débil un valiente,   al borracho y mujeriego,   un tenaz trabajador   y un marido sobrio y tierno.     Un encuentro con Jesús, pasar tiempo con su voz, descansar en su regazo   y escuchar su fiel consejo son medicina del alma   y salud a nuestro cuerpo.     ¡Que bendita gracia!   ¡Cuánta abundancia de amor!   ¡Fuerzas, paz y solaz! ¡Que derroche de luz!   Vengan depresivos, haraganes,   indecisos y truhanes,   pecadores del globo azul,   medrosos, maniáticos, cautivos, nostálgicos,   confusos, histriónicos,   enfermos, lunáticos a los brazos siempre abiertos del que murió en el madero.   ¡Vengan sin miedo ni duda (pues ya no está en una tumba)   al Cristo del gran remedio!  ...

Poema: Ven al taller del Carpintero

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Ven al taller del Carpintero   Ante el Cristo Poderoso llega este débil pecador. Al taller del buen Maestro un dolido y tembloroso.   Jesús, que dejaste trono hasta ser menesteroso, clamando “misericordia” mi vergüenza reconozco.   ¡Oh, Cristo de la pasión, en pesebre y cruz grandioso, ya no quiero amarte en parte mas con plena devoción!   Insatisfacción y escasez sin pudor me abofetean... ¿A esto Dios me llamó, diente limpio y desnudez?   Tus clavos responden: ¡No! Las marcas gritan: ¡Jamás! Si moriste en un eclipse fue para ser nuestro Sol.   Y a la luz de aquel tormento se detienen mis tormentas, y bebiendo tus lamentos se terminan mis flaquezas.   A la gracia, agradecido, reclamo vida abundante, pleno de gozo y poder traigo un canto renacido:   ¡Humanos del mundo roto, vengan al Resucitado, acérquense al Carpintero que su amor lo arregla todo! Juan Carlos P. Valero 09-02-2025

Poema: El contacto de tu mano

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Poema: El contacto de tu mano   Jesús, no sueltes mi mano que sin tu contacto caigo. ¿El peligro? ¿Negarte? Ya no. Es deslizarme al abismo, al vacío de mi existencia, allí donde la soledad tiene fuerza de Leviatán y sombras: lúgubres formas proyectadas por alas, ángeles caídos, desgraciada tiniebla. Aprieta fuerte mi mano, Señor, que tu presencia a mi lado aleja fantasmas del pasado, me infunde cálida paz, y abrigo... Hay frío, pero ya no vence. Hay guerra, mas no me envuelve. El mundo sigue girando, frenético, mareando a sus moradores sin que nadie gobernarlo sepa. Yo también siento náuseas... Aprendí a caminar aferrado cual padre con niño a tu mano. No dejes, Señor, que deje de tocarte, pues tu virtud es mi resistencia. Dicen: “¡Los últimos tiempos!”. Yo también lo pienso, entonces, ¡probados seréis moradores del orbe! Maldad veremos y engaño sin par. Recuerda que prometiste estar todos los días hasta el fin. ¡Lidéranos! ¡Te necesitamos aquí! Si batallo tras tu bandera, quizá per...