Bienvenido a casa, Christian Relato 1 Aquella mañana de septiembre, después de dejar a su hijo en la guardería, Edward Cornwell condujo hacia el trabajo con una sensación que no supo nombrar. Atlanta estrenaba ese primer fresco del año que huele a césped cortado por última vez, el tráfico llevaba su paso de siempre por Piedmont, y no había en toda la mañana un solo motivo visible para aquella inquietud; de modo que Edward hizo lo que hacemos todos con los malos presentimientos que no tienen percha donde colgarse: le buscó una. Y la encontró en la película de la noche anterior.