Siervos de Dios, debemos aprender a sacudir el manto

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¿Te has dado cuenta de que muchos mamíferos se sacuden el agua del pelaje? Hay diferentes motivos por los que los animales se sacuden, y a veces son normales y otras veces más preocupantes: pueden hacerlo para secarse o limpiarse, pero también pueden hacerlo porque tiene parásitos o liberan estrés, entre otras razones.

Nosotros, los ministros de Dios, también debemos aprender a sacudir nuestro manto. 


Este es un pensamiento para pastores basado en Hechos 18:5-6.
Cuando Silas y Timoteo descendieron de Macedonia, Pablo se dedicaba por completo a la predicación de la palabra, testificando solemnemente a los judíos que Jesús era el Cristo. Pero cuando ellos se le opusieron y blasfemaron, él sacudió sus ropas y les dijo: Vuestra sangre sea sobre vuestras cabezas; yo soy limpio; desde ahora me iré a los gentiles. Hechos 18:5-6
¿Por qué Pablo sacudió sus ropas? En el caso de otros pasajes los apóstoles sacudieron el polvo de sus pies (Hechos 13:51; Lucas 9:5; Lucas 10:10-12). 

La diferencia entre sacudir los pies y sacudir los vestidos


¿Por qué en esta ocasión Pablo sacude sus ropas y no sus pies, como en Hechos 13:51?

La respuesta es muy importante para nosotros los ministros.

Debemos entender que nuestra predicación va a traer salvación y muchos se van a convertir; pero otros muchos no nos van a recibir; no van a recibir nuestro mensaje. Jesús dijo que si vamos a una ciudad y no reciben nuestra predicación nos sacudamos el polvo de los pies y sigamos a la próxima 
(Lucas 9:5). Y en Antioquía de Pisidia así lo hicieron: después de predicar a los judíos de allí y encontrar un rechazo en la mayoría, Pablo y Bernabé sufrieron una persecución, entonces se sacudieron el polvo de sus sandalias y siguieron a Iconio; eso sí, dejaron una iglesia plantada (Hechos 13:51).


Esta señal era un testimonio público que significaba dos cosas: para los hombres de ese lugar, que los apóstoles eran inocentes ante Dios pues ellos habían anunciado la salvación y fue rechazada, así que nos sacudimos vuestro polvo y no tenemos nada que ver con el juicio que viene; y en el caso de esta señal como un mensaje para Dios, quería decir que esta ciudad rechazaba el evangelio y la dejaban en sus manos. Por eso el sacudir el polvo de sus sandalias debía ser un acto publico.

¿De dónde viene esta otra tipología de sacudir el polvo del manto? Está basada en Nehemías 5:13.

También sacudí los pliegues de mi manto y dije: Así sacuda Dios de su casa y de sus bienes a todo hombre que no cumpla esta promesa; así sea sacudido y despojado. Y toda la asamblea dijo: ¡Amén! Y alabaron al Señor. Entonces el pueblo hizo conforme a esta promesa .Nehemías 5:13
El contexto muestra cómo los hombres de Jerusalén hicieron una promesa de devolver propiedades que habían tomado en usura y acabar con esa práctica. Nehemías se sacude el manto como señal profética, y les está diciendo: el que no cumpla su promesa será sacudido del propósito de Dios como yo me sacudo el polvo de mi manto.


Volviendo al texto de Hechos 18 (y aquí viene la enseñanza), sabemos que en Corinto hubo una ministración a los judíos por un tiempo en cada día de reposo (versículo 4). Luego, Pablo puede hacerlo con más intensidad pues es liberado a tiempo completo para la predicación del evangelio  (versículo 5). Y en esta segunda fase los judíos se le oponen y blasfeman. Ahora es cuando Pablo dice:
“Vuestra sangre sea sobre vuestras cabezas; yo soy limpio; desde ahora me iré a los gentiles” Hechos 18:6. Y se quedó en Corinto un año y seis meses porque el Señor le dijo, “No temas, sigue hablando y no calles... porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad”. 

No se sacudió las sandalias para cambiar de ciudad, como si la persecución le impidiera seguir en Corinto. Sino que se sacudió el manto para decir: habéis tenido oportunidad de recibir el manto apostólico y convertiros en discípulos, pero no habéis querido; ahora el Señor os sacude de su propósito y echará su manto sobre muchos gentiles que sí que recibirán mi ministerio y predicación.

¿Podemos aprender algo para nuestro pastorado? Creo que sí. Habrá p
ersonas que estén por un tiempo bajo nuestro manto y sean ministradas por nuestro servicio a Dios, y luego se vuelvan indignas de esa bendición porque rechazan nuestra palabra o rompen su compromiso (como hubiese pasado en Nehemías 5 si hubiesen fallado a su promesa). Entonces debemos sacudirnos el manto y creer que Dios tiene otros corazones que serán hijos verdaderos y que querrán caminar bajo nuestro manto.

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¡Pastor, hay momentos en los que debes sacudirte el manto!


No estoy hablando de sacudirnos el polvo de las sandalias (que también hay que hacerlo a menudo). Eso representa el rechazo del evangelio desde el principio en un lugar. Me refiero a esas situaciones en las que nuestro ministerio sirve y afecta a una vida o familia o comunidad por un determinado tiempo, y se benefician, y parece que Dios está haciendo algo, incluso nos dan esperanzas de que reciben nuestro mensaje y se suman al propósito... Pero al final nos llevamos una decepción y acabamos criticados, rechazados o con una oposición frontal. ¡Sacudámonos el polvo de nuestras ropas, como Pablo o Nehemías! Somos libres de su sangre; no han sido dignos de nuestro mensaje; son cortados del propósito (al menos del propósito que tiene que ver con nuestro llamado). Y debemos seguir adelante con ánimo: porque Dios tiene un pueblo al que ayudaremos y seguro que muchos podrán ser hijos verdaderos y discípulos fieles.

¡Ojo! Los corintios casi son sacudidos más adelante. Acordaos de las crisis que Pablo sufrió con ellos. Muchos cuestionaron su apostolado y casi rechazan el ministerio de su padre espiritual, debido a la carnalidad de la iglesia corintia 
y por haber recibido a unos supuestos súper apóstoles. No fue así porque las epístolas de Pablo les hicieron reaccionar. ¿Pero y si no hubiera surtido efecto la exhortación de primera y segunda de corintios? Pues Pablo hubiese podido sacudir sus vestidos y entender que si ellos rechazaban su manto es porque no eran dignos o hijos verdaderos, y Dios tenía otros a los que dedicarles su tiempo y esfuerzo.

Esto no es una especie de salvoconducto o impunidad para el ministro, de que haga lo que quiera con su manto y si la gente no le sigue pues se lo sacude y siempre sirve de excusa para decir, “No eran dignos”. No.

Con temor y temblor hablamos, para aquellos que sirven con limpia conciencia y siempre revisando nuestro proceder, para no ser tropiezo a los hombres. Sin embargo, si después de todo empeño y esfuerzo nos damos cuenta de que la gente que estuvo en contacto con nuestro manto ahora se atreven a cortar el manto, sacudamos el polvo de nuestros vestidos y sigamos adelante. Dios tiene un pueblo al que podremos bendecir si los primeros nos rechazan. Vayamos a los postreros, para que se cumpla aquello de 
que los postreros serán primeros.

David cortó el extremo del manto de Saúl y se sintió fatal. Saúl desgarró el manto de Samuel y fue cortado de ser rey. Los que se levantan contra un manto legítimo y ungido por el Señor cometen una locura. Pidamos misericordia para ellos. Se descalifican a sí mismos para el propósito.

Si, sencillamente, deshonran nuestro manto es porque deben estar en contacto con otro ministerio. Porque solo aquello que sabes honrar te podrá bendecir. Dios tendrá verdaderos discípulos a los que prepararemos, como Elías lo hizo con Eliseo. Elías le echó el manto, aunque al final de la historia fue Eliseo el que decidió si podía heredar el manto o sería sacudido y cortado del propósito. Elías no tuvo que sacudir sus vestidos y buscar otro discípulo, porque Eliseo fue digno y fiel hasta el fin. En cambio, Eliseo sí que tuvo que sacudir el manto en el caso de Giezi, que acabó leproso y fuera del propósito profético de aquel linaje ministerial.


En definitiva, querido ministro, debemos aprender a gozarnos por el fruto de nuestra predicación, así como ser capaces de sacudirnos los pies y sacudirnos las ropas. Eso da mucha tristeza, pero es parte de nuestro llamado.

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Volviendo al sacudimiento de algunos mamíferos: ¿Por qué nuestro perro se sacude el pelaje? Porque está mojado y tiene que secarse, es parte de su limpieza; porque tiene parásitos o insectos y se despoja de ellos; o bien porque está bajo estrés y así lo libera.

De la misma forma, en algunos momentos, tendremos que sacudirnos con el entendimiento de que quizás nos estamos limpiando de cargas innecesarias y de tristeza; o nos estamos despojando de personas que estuvieron en contacto con nuestro ministerio, aunque sin vida o propósito (algunos incluso parasitando en torno nuestro); y sacudámonos de estrés, culpabilidad o pesimismo, cosas que nos quiere lanzar el enemigo como unas aguas sucias y endiabladas. Liberémonos de estos polvos tan humanos.

Dios nos deja esta palabra de ánimo, como a Pablo en Corinto:
Y por medio de una visión durante la noche, el Señor dijo a Pablo: No temas, sigue hablando y no calles; porque yo estoy contigo, y nadie te atacará para hacerte daño, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad. Y se quedó allí un año y seis meses, enseñando la palabra de Dios entre ellos. Hechos 18:9-11.

Juan Carlos Parra, para servirte en el amor de Cristo.

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