Soliloquios #8

En construcción

Hay un cuento del escritor italiano Giovanni Papini muy interesante. Se titula Dos imágenes en un estanque. Nos cuenta Giovanni que vuelve a un pueblo en el que vivió años atrás y, sentado en el estanque de su antigua casa, se mira en el agua y aparece reflejada su imagen de hace siete años. Resulta que su yo del pasado ha quedado inmortalizado en el estanque, perenne, esperando el regreso de Papini.

Tras este vistazo inicial la imagen se materializa y convive varios días con el escritor italiano, pero este acaba tan empachado de su yo de hace siete años (aviso de spoiler) que acaba ahogándolo en el estanque para poder librarse de él.

Este cuento fue la inspiración que llevó a Borges (ávido lector de Papini cuando el argentino era niño) a escribir El otro. En este cuento el Borges maduro se encuentra con el Borges más joven en un ensueño. También se subrayan las diferencias del mismo hombre en la juventud y en el estadio maduro, aunque Borges es muy tolerante con su yo joven, en comparación con Giovanni Papini.

Estos cuentos nos ayudan a reflexionar sobre algo importante, a mi modo de ver. Imagina por un momento que pudiésemos pasar un día con tu yo de hace diez años atrás. ¿Seríamos muy diferentes? ¿Seríamos mejores o peores que el yo joven?

Quizás el sentimiento de ridículo estaba en Pablo cuando escribió eso de que "cuando era niño pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre dejé las cosas de niño" (1 Corintios 13:11). O quizás cuando David escribió, "No te acuerdes de los pecados de mi juventud... acuérdate de mí conforme a tu misericordia"
(Salmo 25:7), quizás, digo, 
sentía vergüenza de sí mismo al recordar errores de su juventud.

Lo que subyace de todas estas preguntas es que los seres humanos cambiamos; o, dicho de otro modo, como reza el título de este artículo: estamos en construcción.

Yo no soy el mismo de hace veinte años; ni de diez años; ni de cinco; ni de cuatro meses atrás... Esta pandemia me ha cambiado en áreas muy importantes, porque estoy en construcción.

Y me aterra la idea (te confieso) de imaginar a mi yo de hace cinco años que se tuviera que avergonzar de mí y me dijera algo así como, "¿qué te ha pasado, Juan Carlos? ¿Acaso los años te han deconstruido en lugar de construido?".


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Es bueno que nos suceda algo parecido a lo de Giovanni Papini: que estuvo con su yo de siete años atrás y pudo ver sus errores y ser crítico consigo mismo. Eso quiere decir que ha crecido, como persona. De hecho, el escritor italiano tuvo una conversión radical, en días de la Segunda Guerra Mundial; tanto que no lo podían creer sus lectores y seguidores. Dejó el ateísmo militante para ser un enamorado de Jesucristo. En la sencillez de la vida de pueblo y de las gentes de campo, quienes le pedían que les leyera los evangelios, ahí pudo reencontrarse con la verdadera esencia del ser humano.

Los Gálatas estaban en un serio peligro de retroceso en esto de la construcción: "¡Oh, gálatas insensatos! ¿Quién os ha fascinado a vosotros, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado públicamente como crucificado? Esto es lo único que quiero averiguar de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿vais a terminar ahora por la carne? (Gálatas 3:1-3).

Esto que les estaba sucediendo a los Gálatas no era lógico ni natural. Imagina a un escultor en su taller; después de un año de trabajo frente a un gran bloque de piedra uno esperaría resultados. O si dejamos a unos albañiles en una obra de construcción, después de unos meses debe haber avance.


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El Señor es el arquitecto y constructor (Hebreos 11:10) y es el Alfarero también. Si estamos en sus manos la obra de Dios en nosotros debe avanzar. Podemos empezar en la carne, pero terminar en el espíritu (¡no al revés!). Podemos comenzar ignorantes, y ser cada vez más sabios (¡no al contrario!). Pablo llega a temer que su trabajo ha sido en vano (Gálatas 4: 8-11), porque los Gálatas estaban volviendo al judaísmo. En esta lógica les dice: "Porque si yo reedifico lo que en otro tiempo destruí, yo mismo resulto transgresor" (Gálatas 2:18). Y les pregunta algo muy inquietante: ¿Acaso habéis sufrido tantas cosas en vano? (Gálatas 3:4).

El apóstol les está apelando a no echar todo a perder. Les recuerda, a los gálatas y a nosotros, que ser cristiano auténtico conlleva sufrimiento y esfuerzo. ¿Y todo eso será en vano?

Piensa esto: que pudieses editar (como con un programa de edición de audio o vídeo) toda tu vida, y suprimir todo sufrimiento: todos tu errores; los errores de otros, que te llegaron a afectar; los tiempos de dolor; las situaciones vergonzosas; las malas decisiones; etc. ¿Te lo puedes imaginar? Hasta cierto punto sería maravilloso ¿no es cierto?

Y, ahora, te pregunto: Muy bien ¿pero quién serías hoy? ¿Serías mejor o peor? ¿Seguro que querríamos hacerlo? ¡Claro que no! Porque, al fin y al cabo, lo que somos hoy está construido por la suma de todas nuestras experiencias, las positivas y las negativas. ¡Es la vida! Con sus errores, dolores, traiciones, malas decisiones, etc. Es duro... Pero nada de aquello fue en vano, porque Dios me ha ido construyendo, y se ha valido de todas las experiencias de mi vida. Y, dicho sea de paso, me sigue construyendo.

¿Qué es lo que les sucedía a los Gálatas? La respuesta es obvia, pero nada baladí: Dios hizo al hombre del barro. Formó al hombre y a la mujer. Pero el hombre no es una obra inerte. Estamos vivos. Colaboramos o retrasamos; entorpecemos o facilitamos la labor del Alfarero.

Eva y Adán, después de ser creados seguían en construcción, aprendiendo, caminando con Dios, madurando... Pero con sus malas decisiones, desobedeciendo a su Creador, involucionaron. Se deconstruyeron. Empezaron en el espíritu y acabaron en la carne. Al principio sabios y luego se embrutecieron.

Los Gálatas, o nosotros, tenemos mucho que ver en lo de la construcción. Somos responsables de cómo avanza el proyecto del edificio de Dios en nuestra vida o familia o iglesia. 

¿Se podrá decir en nuestro caso work in progress? ¿Avanza el trabajo? ¿Progresa el propósito de Dios? ¿Vamos siendo mejores? ¿Nos está aprovechando esta pandemia de alguna manera? Estas preguntas son inquietantes, intencionalmente inquietantes.

Quiero terminar el soliloquio con dos verdades:

1) Siempre estaremos en construcción. Esa será siempre nuestra naturaleza. Como la Sagrada Familia, obra magna de Antoni Gaudí (una de las doce maravillas de España), que es difícil de imaginar sin grúas a su alrededor. Solo que ese es un templo para turistas y amantes del arte, mientras que nosotros somos el templo del Dios vivo (1 Corintios 3:16-17). 

Yo soy de los que piensan que también en el Cielo seguirá la construcción; que estaremos completos y al mismo tiempo creciendo eternamente. Lo creo por lo que veo en la Biblia y al conocer el carácter creativo de Dios: ¡La construcción sigue! Esa es nuestra naturaleza.

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Solo que, al igual que la obra de Gaudí, aunque estamos en construcción nuestro Arquitecto y Constructor es el mejor artista, y se debe ver la belleza de su obra desde el primer momento, a pesar de que no haya finiquitado el proyecto.

2) Debemos preguntarnos: ¿qué es lo que puede contribuir en el avance de su obra en nuestras vidas, familia, iglesia o en la sociedad? Porque "todo me es lícito, pero no todo edifica" (1 Corintios 10:23). 

Estar con mis hermanos me edifica; reunirme me edifica; sano entretenimiento ayuda, y no cualquier bazofia; perseverar en la Palabra y en la búsqueda de Dios; etc. Quiero dar cabida a aquellas cosas que edifican y suprimir poco a poco lo que retrasa o afea la edificación.

En fin, destruir es fácil; ser mediocres supone, simplemente, dejarse llevar; hacer lo malo es tan natural para el hombre caído, fluye solo... Sin embargo, construir requiere esfuerzo; ser excelentes es una determinación diaria; hacer el bien es ir contra natura... Para lograrlo siempre, durante toda una vida o toda una eternidad (que es el tiempo de nuestra construcción) vamos a necesitar a Cristo en el corazón, al Espíritu Santo con su trabajo incansable y, sin lugar a dudas, nuestra sincera colaboración.

Te comparto esta reflexión EN VÍDEO:

Y EN AUDIO:

1 comentario:

  1. Es una palabra maravillosa una reflexión grande y que debemos aplicarlo a nuestra vida y hacer la voluntad de hoy va ser obediente muchas gracias me parto Juan Carlos que si él te bendiga te guarde y te llene de bendiciones a ti a Vanessa y a tus hijos te amo y te mando un abrazo de todo mi corazón

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