Soliloquios #22

Soliloquios 22

Nuestra influencia: de lo micro a lo macro

Cuando vemos cómo está el mundo, tanta necesidad a nuestro alrededor, tantas cosas torcidas que parecen imposibles de enderezar, que la vileza es exaltada entre los hijos de los hombres (Salmo 12:8), siervos a caballo y príncipes que andan como siervos (Eclesiastés 10:7) y que parece que los justos son una especie en extinción, me pregunto qué puedo hacer yo.

Me siento insignificante e impotente ante el panorama actual, y me gustaría hacer mucho más a favor de los perdidos, de los enfermos, de mi nación, de los indefensos... Pero en medio de esta frustración dirijo mi oración a Dios y Él me ayuda a recuperar el enfoque correcto: “No puedes hacer mucho, mas puedes hacer algo”; “no puedes alcanzar a muchos, aunque bien puedes alcanzar a uno”; “cambiar la terrible realidad que te rodea es imposible para ti, pero puedes cambiar la vida de alguien hoy”. En fin, el Señor me recuerda que desde lo micro soy capaz de influenciar a lo macro, y que Él me ha llamado a servir a Jesús. Él sí que tiene el poder para afectar el curso de la Historia; lo hizo hace dos mil años, y seguir haciéndolo hoy.

Desde lo poco podemos llegar a tocar lo mucho, y desde lo pequeño vencer a lo grande. Es lo que yo llamo El enfoque en uno.

A veces las noticias nos abruman. Parece que todo está mal, que todo está dañado. Que los que tienen el poder lo detentan con fines egoístas o destructivos, mientras que los ciudadanos de a pie nos sentimos como meros espectadores de una historia de desgracia y errores que se repite.

Os pongo un ejemplo. En Europa estamos en la segunda ola del azote del coronavirus. En España podíamos haber aprovechado los meses de pandemia para modificar las leyes sanitarias y tomar medidas que nos preparasen para lo que iba a venir. Pero la improvisación y dejación de funciones es de lo más indignante. Si no pensase que es algo hecho adrede tendría que suponer que responde a estupidez o negligencia. Nos vemos en la obligación de acatar un estado de alarma de seis meses que le da al gobierno poder omnímodo. ¿No se podía anticipar esta segunda ola y preparar una reforma de leyes que no deje en pausa al Congreso medio año? Claro que sí. Pero creo que hay una hoja de ruta, una agenda, un plan maquiavélico, que los votantes sufrimos estupefactos con la única esperanza de volver a las urnas dentro de tres años y votar mejor de lo que lo hemos hecho. ¿Habrá líderes que merezcan nuestra confianza para ese momento? Ese es un buen motivo de oración.

Son situaciones que nos superan y que nos llevan a ponernos de rodillas y clamar por nuestra tierra. ¿Qué más podemos hacer?

Cada uno de nosotros podemos hacer algo, en nuestra pequeña escala, en nuestro día a día, en la realidad cercana que sí que está a nuestro alcance y somos capaces de afectar. Si me enfoco en el todo, en lo macro, en lo mucho, me desespero.

No debo ignorar la situación macroeconómica, macropolítica y macrosanitaria; me refiero a que debo ser conocedor de todo lo que está pasando y confiar en Dios para esas situaciones que me parecen como montañas gigantescas; se las confío a Él. Voy a estar alerta y bien informado, siendo crítico con mi mundo. Sin embargo, os propongo que nos sigamos enfocando en la parte que a cada uno nos toca, y que ahí pongamos todo el corazón, toda la fe y pasión, creyendo que nuestra pequeña aportación es importante.

Jesús no nos dijo que tuviéramos mucha fe, dijo “como un grano de mostaza”. Jesús no nos dijo que necesitábamos gran número de discípulos para cambiar el mundo: solo un poco de levadura. Jesús no nos dijo que nos enfocáramos en muchas cosas:

-en cuanto al tiempo, no te preocupes por toda la vida, un día a la vez (Mateo 6:11, Lucas 9:3).

-en cuanto a agradar a Dios, no muchos mandamientos, sino solo uno, ama a Dios y al prójimo (Marcos 12:28-34).

-en cuanto a ganar a los perdidos, no puedes salvar a las noventa y nueve, pero puedes buscar a una oveja perdida o encontrar la moneda que falta (Lucas 15:1-10).

En cambio, Satanás, nuestro adversario, siempre nos quiere desenfocar. En Génesis lo hizo. Mientras que el Creador había ordenado “no comáis de uno”, del árbol del conocimiento del bien y del mal, la serpiente dijo, “con que Dios os ha dicho que no comáis de ninguno”. Dios no les había pedido mucho, sin embargo, eso les quería hacer creer el diablo. Siempre es igual con Satanás.

Dios dice “marido de una sola mujer”, enfócate en amar y cuidar a una. El engañador quiere llevar al hombre a codiciar a más de una; hasta muchas, como el desdichado Salomón, que tuvo mil mujeres (1 Reyes 11:1-4). Así, sacándolo del enfoque en una, y llevándolo a las muchas, esas muchas “desviaron su corazón”. Cuidado con este desenfoque.

Hasta el mismo Dios ha practicado el enfoque en uno; el ir desde lo pequeño hacia lo grande, desde lo micro hasta lo macro. Como Creador comenzó con un hombre, en un mundo, pues “de uno hizo todas las naciones” (Hechos 17:26). Para la salvación no necesitó a muchos, sino solo a uno: “uno murió por todos” (2 Corintios 5:14). ¡Pero qué uno! ¡Qué clase de hombre! El unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14). Jesús se enfocó en salvar a uno, a cada uno de nosotros; o, mejor dicho, a una, a su esposa, su amada Iglesia. Y el Espíritu Santo también practica el enfoque en uno, pues se da sin medida por cada uno de nosotros (Juan 3:34) y habita plenamente en cada hijo e hija de Dios (Colosenses 2:9-10). ¡Si Dios tiene ese enfoque, cuánto más nosotros!

En nuestro servicio debemos proponernos tocar una vida cada día. Salvar a uno, como Felipe, que dejó el avivamiento en Samaria y el Señor lo llevó a predicar a un solo hombre (Hechos 8:26-29). Aunque no debemos olvidar que desde lo micro ejerció influencia sobre lo macro, ya que la persona tocada por la predicación de Felipe era un alto oficial etíope que llevó salvación a su tierra. Jesús impactó a una samaritana y con ese testimonio sencillo afectó a su aldea. Esteban impactó a uno, Saulo; y Dios nos ha impactado a todos a través de ese hombre, el apóstol Pablo. Porque el orden divino no es llegar de los muchos a uno, sino de uno a los muchos.

Spurgeon expresó magistralmente ese camino cuando dijo que un alma es de valor incalculable, y que concentrarnos en ir a por la oveja cien es emplear bien nuestra vida en la Tierra: “Si existiera tan solo un hombre o una mujer que no amara al Salvador, y si esa persona viviera en lo salvaje de Liberia, y si fuera necesario que todos los millones de cristianos viajaran hasta allí y cada uno le rogara que se entregara a Jesús antes de que se convirtiera, valdría la pena todo el celo, la labor y los gastos. Si tuviéramos que testificarles a miles, año tras año, y nunca rescatar más que una sola alma, esa alma sería la recompensa completa por toda nuestra labor, porque un alma es de valor incalculable”.

Hagamos bien el discipulado uno a uno. Moisés tuvo un Josué. Elías un Eliseo. Pablo dejó un Timoteo. Lucas escribió su evangelio y el libro de Los Hechos para uno, Teófilo. Y lo hizo tan bien que nos ha influenciado a todos, debido a que su obra es parte de la bendita Palabra de Dios. Se dejaron usar para influenciar a uno (lo micro) y llegaron a alcanzar a muchos (lo macro).

A veces, el diablo nos intenta abrumar con lo mucho: mucha necesidad, muchos perdidos, mucho para hacer, muchas complicaciones... Detengámonos y recordemos lo que Jesús nos enseñó: "Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” Mateo 6:34. No puede ser tan complicado. Debe ser más sencillo, si me dejo usar por el Señor. Sirviendo al Uno llego al todo (Gálatas 1.10). De lo micro a lo macro. De lo poco a lo mucho; eso sí, lo poco bien hecho, bien empezado y bien acabado.

Y para acabar bien este soliloquio quiero dejarte con un ánimo. A veces lo macro (la economía, la política, los grandes medios de comunicación, los macro-problemas o las macro-epidemias) parece que nos aplasta y nos afecta irremediablemente. Pero no perdamos la fe en que lo micro continúa en el punto de mira de Dios. A Él le encanta tomar a un pastor llamado Moisés y con su vara sacudir un imperio gigante; y quiso salvar a la Humanidad con un pequeño judío que nació en un establo. También puede usarse de hombres y mujeres insignificantes como tú y yo.

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