Ella

Poema Ella,

Poema: Ella

Aquí,
completamente desvelado,
no tengo idea de por qué,
te escribo este poema.

Bella.
Mi canción,
mi luz,
mi sentido común,
mi luna llena.

Ya te aviso que sin ti no sé vivir.
Cariño.
Has logrado con el paso de los años
que te quiera,
que te admire
y sea feliz.

Mi amor. 

En mi ser,
sin quererlo,
has dejado huella
y sospecho que,
si todo se nos cumple,
al final del cuento cuenta en positivo,
con su entrada y nudo, pudo el desenlace.
Contaremos juntos que mereció la pena.


Y si alguien piensa que detrás de un mulo
asomaba, siempre fuerte, una princesa,
le diré que sí…
Que siempre ha sido ella…
La que me cuidó.
La que más luchó.
La que más pagó.
La heroína.
Gran mujer -ya sé que dirás que no-.
La de más valor.
Mi mar de pasión.
Alas de ilusión.
Mi interrogación.
Mi estrella…
Que fue naciendo,
que fue creciendo,
se multiplicó
y fue constelación.
De las que inspiran,
de las que guían,
de las que tienen nombre de diamante,
pues su valor es de riqueza incalculable,
y cuando la ves en el firmamento,
allá tan lejos,
querrías ir,
y al no poder
solamente la contemplas.
Pero yo vivo allí…
Y confirmo
-por si acaso, alguien piensa que su brillo no es sincero-
que es verdad.
Que habrá otras mujeres buenas,
nobles, dignas y bellas
-porque hay lugar en el espacio y ya se sabe que el universo es inabarcable-,
pero ella… ¡Ay, ella!
Si no estuviera…
¡Qué caos para mí!
¡Qué pérdida de fina esencia!


Quizás me desvelé para ti.
Para escribirte este poema.
No sé…

Antes todo era más unívoco.
Lo que pasaba era por algo
y si preguntaban,
pues simplemente asegurabas: “Es por esto”.
Ahora es un poco más incierto…
Aunque más real
y más natural
y más bonito.
Las cosas son…
Sin más.
A veces, te desvelas y ya está.
O son varias las razones.
O no importa el porqué, pero sirve para bien…


Para mí, nena,
esta noche estás aquí,
despierta a mi vera.
Y si duermes a quince pasos de estos versos,
me consuela saber que sabrás
que estoy contigo en mi desvelo
y que estas líneas serán al despertarte,
quizás,
el primer pensamiento,
la primera sorpresa
de tu cuarenta y tres cumpleaños.


¡Qué alegría verte cumplir así!
Cerca de mí,
entrelazados,
inseparables,
bien rodeados,
bebiendo la vida,
con sus dulces y amargos tragos,
queriéndonos,
sintiéndonos…


¿Te acuerdas cuando lo especial de un día como hoy era lo que hacíamos?
No entendíamos aún que cualquier cosa juntos,
por pequeña que sea,
y que hagamos,
uno al lado del otro,
es especial de por sí.
No por lo que hacemos, sino por lo que somos
el uno para el otro.

Y bueno, nena,
creo que me entiendes…
A pesar de no poder hacer todo lo que querríamos,
hagamos todo lo que podamos.
Que la vida -ya ves- se nos va,
aquí en la tierra,
y son dos siestas…
Y la eternidad nos espera…
Y yo no quiero que al llegar allá
me arrepienta de haber desperdiciado acá
mi don,
mi regalo,
mi más grande recompensa en este mundo…
Que Jesús me diga:
¡Hijo!
¿No lo veías?
¿No te dabas cuenta?
¡Hijo!
Era ella.

En Murcia, a cinco de mayo de 2021.

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