Soliloquios #35

 

Iglesias afectadas por la COVID-19

Principales causas de la pérdida de fuerza en tu iglesia o ministerio durante la pandemia 

El sabio oirá y crecerá en conocimiento, y el inteligente adquirirá habilidad (Proverbios 1:5). 

El otro día era festivo o feriado en nuestra región y decidimos hacer una reunión especial para hombres (en la mañana) y para mujeres (en la tarde). La de la tarde, de damas, fue un éxito: acudieron muchas hermanas y amigas no convertidas; hubo gran edificación y se nos quedó un muy buen sabor de boca. Sin embargo, la reunión de la mañana, para hombres fue floja en número. Menos mal que contamos con la visita de hermanos de otras congregaciones, porque de nuestra propia casa hubo una asistencia mínima. Eso me dejó preocupado. ¿Desafección? ¿Distracción? ¿Apatía en los hombres? 

 

A esto debo sumar el hecho de que estamos inmersos en nuestro crowdfunding como ministerio de radio y televisión y, hasta la fecha, hemos recibido menos ofrendas o donativos de lo que hubiera sido habitual en otros tiempos 

 

Ambas circunstancias me han llevado a preguntar al Señor¿Acaso hemos perdido fuerza como iglesia y como medio de comunicación últimamente? 

 

Una respuesta sencilla podría ser esta: que la mayoría de líderes cristianos  (pastores o dirigentes de iglesias y ministerios) hemos sufrido una merma de asistencia o de economía o de fuerza anímica en nuestros ministerios debido a la pandemia. No obstante, dicha conclusión es demasiado simplista por el hecho de que hay congregaciones, organizaciones o proyectos del ámbito de la fe que se han visto fortalecidos e incluso han crecido de forma exponencial en el año y medio de crisis de la COVID-19. Entonces, debe haber alguna evaluación más concienzuda que nos ayude a examinar la marcha de nuestra labor. En este soliloquio os ofrezco una que un servidor, con toda honestidad, va a utilizar bajo la iluminación del Espíritu y con el consejo de mis compañeros en el pastorado, para analizar si es que hemos perdido fuerza como iglesia o ministerio en la pandemia. 

 

Trazaré un paralelismo entre la potencia de un motor y la fuerza de una congregación o corporación. Si un vehículo pierde fuerza hay unas pocas causas que lo ocasionan. Apoyado en la curiosa analogía os dejaré esta herramienta de diagnóstico para saber si nuestro motor ministerial está averiado y por qué. 

 

Principales causas de la pérdida de potencia del motor de un vehículo 

 

Diego Vendrell es ingeniero mecánico con experiencia en el sector de la automoción por más de quince años, y explica en su artículo Causas de la pérdida de potencia1 en un automóvil que las razones pueden agruparse en cinco ámbitos distintos: 

 

1º Exceso de rozamiento de determinadas piezas externas al motor. Es decir, algo externo nos está frenando. 

2º Problemas con el encendido en el motor. Tiene que ver con la chispa que produce la explosión del motor. 

3º Mal funcionamiento de las válvulas del cilindro. El motor ha perdido su unidad y su capacidad de ser una maquinaria compacta, que retiene su fuerza a pesar del constante movimiento de cierre y apertura. 

4º Deficiente lubricación del sistema. Falta aceite para el buen engranaje del motor. O bien, el aceite está muy usado. 

5º Incorrecta mezcla del combustible. Para que se genere la energía precisa el motor necesita aire y combustible. El exceso de uno u otro provoca la falta de fuerza en el vehículo. 

 

¿Por qué hemos perdido fuerza en nuestra iglesia o ministerio? 

 

Os confieso que cuando leí el artículo tuve convicción de que nuestro motor o potencia congregacional y organizacional puede analizarse a la luz de esta analogía. La idea de aprender del motor de un vehículo me vino en oración y pienso que puede ser muy útil si lo aplicamos así: 

 

Principales causas de la pérdida de fuerza de tu iglesia o ministerio: 

 

1- Factores externos:  

Todo lo que se ha vivido en este tiempo afecta al ánimo de nuestras iglesias. Muchos hermanos han sufrido miedos o ansiedad. No somos insensibles a lo que ha conmocionado al mundo entero y más aún si ha supuesto la muerte de seres queridos o la pérdida de empleo o la incertidumbre generalizada. Quizás se han acercado nuevas personas a nuestra predicación o a nuestra actividad social o humanitaria. Pero no es menos probable que muchos miembros de nuestras iglesias han batallado contra el desánimo o se han visto impedidos para reunirse con normalidad. Por no hablar de que las finanzas de no pocas familias han quedado debilitadas o de que la salud de algunos negocios no ha logrado sobrevivir a esta pandemia. El coronavirus nos ha frenado en multitud de sentidos, aunque nos haya impulsado en otros. Los factores externos no lo explican todo, pero no se deben minimizar. 

 

2- Problemas con el encendido del motor:  

Me refiero a todo lo técnico y logístico. ¿Se pueden reunir virtualmente nuestros hermanos, si seguimos con las restricciones y el confinamiento? ¿Hemos logrado saltar los obstáculos técnicos para, por ejemplo, poder ofrendar por transferencia bancaria? ¿Qué tal se escucha nuestra radio o se ve nuestra televisión, si es que nuestro ministerio es de telecomunicaciones? ¿Hemos crecido en redes sociales, emisiones online, destrezas digitales… como para que sigamos en contacto con nuestra comunidad a pesar de la distancia y los muchos distractores? Todo lo práctico y material puede debilitar nuestra potencia espiritual y de impacto hasta extremos insospechados. Es una de las lecciones del tiempo de coronavirus. 

 

3- Lo de las válvulas hay que explicarlo un poco más:  

El ingeniero, Diego Vendrell nos aclara que “la principal función de las válvulas es cerrar los cilindros del motor para crear una atmósfera estanca en la cámara de combustión, donde la mezcla de aire y combustible explote, y genere el movimiento necesario en el pistón. Cuando las válvulas no funcionan adecuadamente, la explosión de la mezcla no tiene lugar de forma eficaz.  

No sé si has logrado visualizarlo, pero estamos hablando de la unidad del equipo de servidores o trabajadores o de líderes. ¿Estamos cuidando la unidad? ¿Somos un equipo compacto? Las válvulas abren y cierran. ¿Estamos suficientemente abiertos a la ayuda externa en nuestro servicio y liderazgo? A veces el problema es que permanecemos demasiado abiertos a injerencias externas, desvíos y personajes extraños que nos restan fuerza. Es todo un arte el de saber abrir y saber cerrar, sin perder nuestra esencia y unidad, a la vez que distanciándonos del ostracismo o de la mentalidad cavernícola que bien representó Platón en su Mito de la cavernacerrarnos a la luz que nos llegue de fuera pues creemos que tenemos toda la verdad y todas las respuestas. Craso error. 

 

4- ¿Qué tal vamos con la unción del Espíritu Santo?: 

La mala lubricación de las piezas del motor, según el artículo Causas de la pérdida de potencia1, incrementará el rozamiento, por lo que la potencia generada no se transmitirá correctamente a las ruedas. Además, tendrá lugar un desgaste prematuro de las piezas. El amor es ese aceite que une y engrana todo. La unción del Espíritu nos remite a la dependencia total que tenemos de la presencia, poder, ayuda y guía de la Tercera Persona de la Trinidad para que nuestro motor ministerial siga generando fuerza y movimiento. 

¿Se quedó nuestro motor sin aceite? ¿Será acaso un lubricante viejo y espeso, que hay que cambiar por unción nueva? La santidad de nuestro ministerio asegurará un aceite puro y nuevo. Pero ese aceite solo se “compra” en las cámaras secretas de la intimidad con Dios. 

 

5- Para terminar, debemos entender lo de la mezcla de aire y combustible: 

Vendrell concluye que “la mezcla de aire y combustible en la cámara de combustión debe estar correctamente equilibrada, tanto si se trata de un motor diésel como gasolina. Si hay demasiada presencia de combustible (mezcla rica), la combustión tendrá lugar con mayores dificultades por la ausencia de suficiente aire. Además, se disparará el consumo. En el caso de que la mezcla tenga excesiva cantidad de aire (mezcla pobre), se produce una pérdida de potencia y el aumento de la temperatura del motor. 

El aire representa nuestra visión evangelística, es decir, nuestra labor hacia los inconversos y la sociedad en general. Mientras que el combustible sería nuestro cuidado de la iglesia o, dicho de otro modo, el ministerio hacia los que ya pueden ser una ofrenda voluntaria en el altar. 

Como sucede con un fuego en la chimenea o para asar una carne, la leña es la que arde, pero no puede faltar la ventilación para un buen fuego. Igual pasa con el motor: aire y combustible han de tener un ajuste preciso para que el motor ruja con potencia. 

Este balance entre la visión y el trabajo hacia los perdidos, sin descuidar la salud de los que ya son hijos de Dios nos mantiene en un sano enfoque. He comprobado los problemas derivados de que haya mucho aire y poco combustible, y viceversa. Cuidar un fuego y que “no se ahogue” es que no falte la leña, que serían los hijos, los verdaderos adoradores, los discípulos. Pero ese fuego debe tener buena “tirada” o “tiro”, esto es, la ventilación, la apertura, la circulación de aire. De lo contrario no se da la combustión. Eso representa romper el encierro del gueto evangélicola sal dentro del salero; las aguas estancadas, como en el Mar Muerto, que acaba oliendo y secando la vida; en fin, la mentalidad endogámica, de la que estamos todos saliendo en la medida en la que vamos sacudiéndonos la religiosidad y el legalismo. 

La potencia del motor de nuestra iglesia o ministerio viene dada por la combinación de aire y oxígeno¿cómo está la vida congregacional? ¿qué tal nuestro alcance de amor en la ciudad? O, volviendo a lo de nuestra radio y televisión, ¿qué tal está la salud e implicación de esa audiencia que ya nos apoya como nuestra comunidad? Pero, al mismo tiempo, ¿estamos alcanzando con un mensaje pertinente, actual, atractivo y comprensible a los no cristianos 

Nuestra predicación de la Palabra de Dios, del evangelio glorioso de Jesús, debe poseer una mezcla muy intencional que capitalice un poder de impacto para los que ya son salvos, así como para los que todavía no creen. Jesús supo hacerlo magistralmente, ¿no nos dará la medida a nosotros también? 

Bueno, esas son las preguntas que tendré que plantearme yo ¿cuáles serían las tuyas? ¿Ha perdido fuerza tu ministerio o iglesia en la pandemia? Si la respuesta es afirmativa y quieres saber el porqué pregúntale a la unción deSanto Espíritu, a la unidad de tu equipo, a la excelencia en lo técnico y logístico o a la visión equilibrada entre aire y combustible, y no solo a los factores externos (una realidad, sin duda) tan a mano para echarles la culpa de nuestra pérdida de fuerza. 

Espero que mi soliloquio de hoy te ayude, como deseo que me suceda a mí, a recuperar potencia si es que la has perdido. 

 

1. https://www.leaseplango.es/blog/mecanica/principales-causas-de-la-perdida-de-potencia-del-motor/ 

 

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