Tus cicatrices hablan (Agua Viva)


 

Tus cicatrices hablan  

De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús” (Gálatas 6:17). 

¡yo tengo en mi cuerpo las cicatrices que demuestran que he sufrido por pertenecer a Cristo! TLA 

 

 Corintios 6. 5. Segunda de Corintios 1123 y 24: Allí Pablo habla de sus azotes. 

 Corintios 11: 28 y 29. Las cicatrices internas. Presión. Preocupación. Me quemo. 

 

Todos tenemos cicatrices. Yo conozco las cicatrices de mi esposa y ella las mías son marcas personales. Nos reconocen. 

 

Las cicatrices de Jesús fueron muy importantes para que los discípulos lo reconocieran: 

Lucas 24:39 Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy.  

Juan 20:27 Acerca aquí tu dedo.  

 

Los hermanos de José lo reconocieron en la cicatriz de la circuncisión Génesis 45: 1 al 4. 

 

La cojera de Jacob. Hebreos 11 21. Marcó un antes y un después.  

 

Y no solo nos identifican, las cicatrices nos ayudan a recordar: 

En un día caluroso de verano en el sur de la Florida un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiro en el agua y nadaba feliz. No se daba cuenta de que un cocodrilo se le acercaba Su mama desde la casa miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía.  

Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo mas fuerte que podía.  

Oyéndole, el niño se alarmó y reaccionó nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde.  

Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el caimán le agarraba sus piernitas. La mujer intentaba sacar a su hijo del agua con determinación, con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonó. Un hombre que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo.  

 

El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar.  

 

Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus pies.  

El niño levantó la colcha y se las mostró. Entonces, con gran orgullo se remangó las mangas del pijama de hospital y señalando hacia las cicatrices en sus brazos le dijo: "Pero las que usted debe ver son estas". Eran las marcas de las uñas de su mama que habían presionado con fuerza. "Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida" . 

 

Nosotros también tenemos las cicatrices de un pasado doloroso.  

Algunas son causadas por nuestros pecados, pero algunas son la huella de Dios que nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos en las garras del mal.  

Recuerda que, si te ha dolido alguna vez el alma, es porque Dios, te ha agarrado demasiado fuerte para que no caigas. 

 

1ª de Pedro 2:24 dice que Por sus heridas fuimos sanados 

 

También nos ayudan a recordar a nosotros: Mi cicatriz por la operación en el hombro me recuerda un punto de inflexión en mi vida, marcó un antes y un después.  

 

¿Qué dicen nuestras cicatrices? Uno que lo superamos. Dos que sanamos. Tres quizás que nos equivocamos. Cuatro. Que somos vulnerables. Cinco. Que tenemos experiencia. Y muchas veces, por esa experiencia, una autoridad. 

 

¿Qué es una cicatriz? Una herida bien curada. Mis cicatrices le dicen a mis heridas: Este dolor pasará”. Toda herida se convertirá en una cicatriz.  

 

Hay cicatrices bellas que nos ennoblecen y su recuerdo nos alegra. Mi hijo Enoc aceptó al Señor cuando se hizo un corte en la barbilla y le dieron puntos. Esa cicatriz le recuerda su salvación. 

 

Hay cicatrices que nos avergüenzan, que quizás representan una mala vida. Pero nos recuerdan la gracia. Cortes, piercing, pendientes, etc. 

 

¿Querríamos un Jesús sin cicatrices? Ni hablar. Eso sería igual que un cristianismo sin muerte. O un ministerio sin marcas. Simplemente es otro evangelio 

 

Apocalipsis 56 y 12: El Cordero inmolado. 

En el cielo, nuestro Rey, lleva cicatrices y todos sus seguidores también las llevan. Son cicatrices de guerra, cicatrices de errores, cicatrices de aprendizaje, cicatrices de amor, cicatrices de traición 

 

En una ocasión. Un veterano de guerra que había perdido su brazo en la batalla. Pidió misericordia al juez. Estaba implorando perdón para un preso político. El juez le pidió que presentase argumentos para decidir favorablemente en cuanto al perdón. Levantando el muñón, aquel veterano de guerra dijo: “Este es mi argumento, su señoría. Dejé mi brazo por mi país y ahora le pido a mi país que deje su brazo dsevero castigo y tenga misericordia del prisionero. 

El juez concedió la petición ante la autoridad del héroe de guerra. 

 

¿Sabes? En la vida espiritual se sabe cuando alguien tiene autoridad. Hay cicatrices que hablan de su fidelidad al Señor. Por eso Pablo, en Gálatas 6:17 dice: “De ahora en adelante, que nadie me cause molestias ¡yo tengo en mi cuerpo las cicatrices que demuestran que he sufrido por pertenecer a Cristo!”. 

Era su alegato final para aquellos que querían dejar el evangelio de la gracia por una baratija espiritual, por un evangelio facilón. Si no valoras lo que tienes lo cambias por cualquier cosa. Pablo no iba a dejar el evangelio pues sabía lo que a Jesús le había costado y lo que él mismo había sufrido para que otros creyeran en Cristo. 

 

 

Las cicatrices hablan  

Las del Señor: Te amo y lo hice por ti. 

Las de Jacob: Tú eres mi Dios y nunca me soltaré de ti. 

 

Hay recuerdo y sabiduría en las cicatrices y, de vez en cuando, debemos escucharlas. 

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