Soliloquios #45

Seremos de más bendición

Cómo podemos ser de más bendición en este 2022 

Una aspiración de cara al nuevo año


Al comienzo de este nuevo año, una poderosa aspiración se ha fijado en mi pensamiento, como una sana obsesión que conduce mis acciones de una forma consciente o inconsciente, pero creo que siempre agradable al Cielo. Se trata del deseo sincero de querer ser de bendición. Mejor dicho, de ser de más bendición que hasta la fecha. Mi soliloquio de esta semana intentará responder a esta pregunta: ¿Cómo podemos ser de más bendición? ¿Cómo bendecir más nuestro mundo, el reino de Dios y a los que nos rodean en este 2022?


Lo primero que debemos dejar asentado como una sólida base es que somos los herederos en Cristo de la bendición de Abraham: “A fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe” (Gálatas 3:14). A través de Cristo y por la fe en Él, somos herederos de la promesa de bendición y justificación para salvación hecha a Abraham: “Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa” (Gálatas 3:29). 


Ahora bien, la promesa hecha a los patriarcas de Israel, Abraham, Isaac y Jacob, incluye el ser de bendición a las familias y naciones de la Tierra. Así se lo dijo a Abram: “te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición” (…), “y en ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3). Fue confirmado a Isaac: “y en tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra” (Génesis 26:4). Y posteriormente a Jacob: “y en ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra” (Génesis 28:14). 


Indudablemente, dicha bendición tenía que ver con la llegada del Mesías, de lomos de esos hebreos, que sería la salvación y la paz de todos los hombres que pongan su fe en Él. Pero es igualmente cierto que el pueblo de Dios (antes Israel y ahora también la Iglesia) somos portadores de esta bendición y que, mediante la vida de Cristo en nosotros, tenemos un llamado a ser de bendición a individuos, familias y naciones. ¡Qué gran tarea! ¡Qué gran responsabilidad! ¡Cuán inmensurable honor! 


Somos un pueblo bendecido para ser bendición. Y yo, en este nuevo año, deseo ser de más bendición que el anterior, a través de mi vida, con todo lo que tengo y con todo lo que soy. 


¿Pero cómo lograr ser una mayor bendición? Aquí te dejo algunas claves que serán, de seguro, una buena inspiración para esta gran aspiración. 


1. Creamos que somos una bendición para los demás


Todo, en la vida del cristiano, es por la fe. Para ser hijos de Abraham y tomar las bendiciones en Cristo debemos creer en lo que Jesús es para nosotros y en lo que nos ha dado para que vivamos en su bendición. ¿Cómo podremos ser de más bendición si no vivimos en una vida plena de bendición, que es nuestra herencia por la gracia de Dios? 


Ahora bien, no importa lo pequeño que te sientas en el Señor, Dios te tiene en la Tierra para que seas una bendición a otros. Como la Dorcas de Hechos 9 (versos 36 al 40), la que resucitó Pedro, Dios te puede usar con algo tan sencillo como aguja e hilo. Probablemente Tabita (el otro nombre de esta hermana en la fe de Jope), no se imaginaba cuánto el Señor la estaba usando para bendecir las vidas de sus vecinos. Sin embargo, al fallecer, no dejaron que el Cielo la disfrutara aún, sino que insistieron al apóstol por un milagro: “entonces… todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas”. Tanto la extrañaron que el Señor la envió de regreso a la Tierra para que Tabita fuese aún de más bendición pues, desde ese momento, ya no solo “abundaría en buenas obras y en limosnas”, como nos relata el Nuevo Testamento, además sería portadora de un poderoso testimonio al tener una historia que contar, con la evidencia de su propia resurrección.


Cree que el Señor te quiere hacer de más bendición, y no te compares con nadie. Tal y como eres, y con aquello que tienes y que te viene a la mano hacer, abunda “en buenas obras y en limosnas”. Vive de tal forma que el Cielo te anhele, porque el Señor desee tu amistad más cercana, y la Tierra te extrañe si partes, porque has tejido vestidos de amor con tus actos de bondad.


Eso sí, cree que puedes ser de más bendición y, al mismo tiempo, no te lo creas. Que no se nos suba a la cabeza y nos sintamos imprescindibles y grandiosos, como si la bendición fuese por nosotros mismos. No. Somos de bendición por el Espíritu de Cristo en nosotros. Es por tener la simiente de Abraham, Isaac y Jacob. “No yo, la gracia de Dios en mí”, decía Pablo (1 Corintios 15:10). No soy yo, es “Cristo que vive en mí” (Gálatas 2:20). Me parece interesante que, para que el Señor le cumpliese la promesa, Abraham primero vivió un proceso. Pasó de llamarse Abram (Padre enaltecido) a Abraham (Padre de multitudes). En este cambio de nombre hay un mensaje: un enemigo de la bendición es el enaltecimiento. En nuestro orgullo no seremos de bendición. Por eso, creamos que somos una bendición como hijos de Dios, pero no nos lo creamos hasta el punto de que alguien nos califique de engreídos. En la humildad y dependencia del Espíritu Santo estará nuestro poder, ya que el Señor podrá usarnos sin el peligro de que le robemos la gloria o de que intentemos hacer las cosas fuera de su plan, como les sucedió a Sarai y Abram cuando pensaron que Agar era la ayuda que necesitaban para tener un hijo y no el poder sobrenatural de Dios. ¡Cuántos Ismaeles he podido fabricar yo por no confiar y esperar en el Señor!


Seguimos con la pregunta ¿Cómo ser de más bendición en este 2022?


2. Llenos de compasión 


Llenos de compasión, como Dorcas. Que esa compasión nos mueva a ayudar a otros; nos saque de nuestra área de confort para llevar amor y actos de misericordia a otras familias. Simplemente amando, seremos de más bendición.


Escuchemos al Maestro en su enseñanza: “Sean ustedes compasivos, como también su Padre es compasivo” (Lucas 6:36. DHH). Y Pablo lo expresó así: “Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo” (Efesios 4:32. DHH). Ser compasivos no es una opción, es un mandato. Amar y perdonar no es una opción, es una naturaleza. 


Estoy leyendo el libro de Martin Luther King, La fuerza de amar. De hecho, me ha apetecido convertir mi lectura en audiolibro pues es una obra descatalogada que posee un gran valor para nosotros. En esta monografía encontramos recopilados los mensajes de King, predicados a sus congregaciones durante el movimiento de defensa de los derechos de la comunidad de color en Estados Unidos. Su lucha no violenta le acabó costando la vida, pues fue asesinado (de todos es sabido), en Memphis, en 1968. No obstante, su reivindicación pacífica, inspirada en el amor de Cristo Jesús, acabó dando fruto y legando a las siguientes generaciones de ciudadanos negros unas mejores condiciones de vida. Extraigo unas palabras de su cuarto capítulo titulado, El amor en acción, y basado en Lucas 23:34: “Entonces Jesús dijo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Luther King escribió este sermón mientras permanecía encarcelado en Georgia:


Durante su predicación por los soleados pueblos de Galilea,

Jesús habla con entusiasmo del perdón. 

Esta extraña doctrina despierta el

espíritu curioso de Pedro: ¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano si peca contra mí? ¿Hasta siete veces? 

Pedro quería ser fiel a la ley y a la estadística.

Pero Jesús respondió que el perdón no tenía límites.  

“No digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.

En otras palabras: el perdón no es 

cuestión de cantidad, sino de calidad. 

Un hombre no puede perdonar cuatrocientas

noventa veces sin que el perdón se integre 

en la misma estructura de su ser. 

El perdón no es un acto ocasional; es una actitud permanente.


Jesús enseñaba a sus discípulos a amar a sus enemigos y a orar por

aquellos que los menospreciaban. 

En los oídos de muchos, esta enseñanza

sonaba a música extraña, venida de un país desconocido. 

Les habían enseñado

a amar a los amigos y a odiar a los enemigos. 

Sus vidas estaban orientadas

a la reparación, según la antigua tradición de la ley del talión. 

Y Jesús les enseña que solo por un amor creador 

a los enemigos podemos convertirnos

en hijos de su Padre que está en el Cielo, 

y también que el amor y el perdón

son necesidades absolutas para una madurez espiritual. 


Llega el momento de la prueba. 

Cristo, Hijo inocente de Dios, es clavado 

en una cruz y padece una dolorosa agonía. 

¿Es que todavía queda allí lugar 

para el amor y el perdón? ¿Cómo reaccionará Jesús? 

¿Qué dirá? La respuesta a estas preguntas estalla 

con un esplendor majestuoso. 

Jesús levanta la cabeza coronada de espinas y

grita palabras de proporciones cósmicas: 

¡Padre, perdónalos, porque no

saben lo que hacen!


Me parece que 1 Pedro 3:8-9 está en armonía con este pensamiento de hoy, en mi soliloquio. Permitidme el atrevimiento de ordenar el verso de otra forma. Originalmente dice: “Sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”. ¿Qué tal si abordamos esta verdad así?:

Puesto que fuisteis llamados para heredar bendición, sed compasivos, amándoos… no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino bendiciendo…


O, dicho de otro modo, nuestra posición ventajosa, de gente bendecida, ya que hemos heredado bendición, nos otorga la posibilidad de dar perdón, porque hemos sido perdonados primero; de amar, porque se nos ha amado por gracia; de bendecir a todos, incluso a los que nos hacen mal o nos maldicen.


El mismo Martin Luther King y, ante todo, Jesús, nos han modelado estas acciones.


En el resto de este soliloquio añadiré otros puntos a este pensamiento, pero te adelanto un ruego: ¡Queramos ser de mayor bendición en este nuevo año! Y, con la ayuda del Señor, sin duda, ¡seremos de más bendición!


¿Cómo podemos ser de más bendición en este 2022? He explicado que podríamos perseguir esta aspiración en todo cuanto hagamos e incluso orar: “Señor, ayúdame a ser de más bendición que lo que he sido hasta ahora”. Estoy seguro de que un enfoque así es agradable al Cielo y nos hace avanzar en nuestra vida cristiana.


Hasta ahora he abordado dos claves muy sencillas: creamos que somos una bendición para los demás y vivamos llenos de compasión. A continuación explicaré dos claves más:


De nuevo, la pregunta sería: ¿Cómo ser de más bendición para los demás en este 2022?


3. Al vivir más cerca del Señor


Al vivir más cerca del Señor podremos ser de más bendición a los que nos rodean. Dice en Hebreos que “el Señor es galardonador de los que lo buscan” (Hebreos 11:6). Nuestro Maestro lo expresó así: "Busca en el secreto, y tu Padre te recompensará en público” (Mateo 6:6). Entonces, cuando estamos más cerca del Señor, nos llenamos de su Presencia y después salimos a lo público y somos de más bendición: dejamos su fragancia y un poco de su Presencia allí donde vamos. Aportamos algo bueno a los que están cerca nuestro. 


No dejo de meditar en esta porción de Jeremías, donde hay una pregunta impactante: “Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová y vio y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra y la oyó?” (Jeremías 23:18). Y un poco más abajo continúa: “No envié yo a aquellos profetas, pero ellos corrían. Yo no les hablé, mas ellos profetizaban. Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras” (Jeremías 23:21-22). Eran profetas, pero profetizaban sus propias palabras. Y sí, ellos corrían, solo que iban donde Dios no los enviaba. Dice el Señor: “Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo y lo habrían hecho volver de su mal camino y de la maldad de sus obras”. 


Yo me pregunto: ¿Cuántas cosas me he perdido por no estar en el secreto del Señor? ¿Cuántas cosas podía haber dicho a otros? ¿Cuántas cosas podía haber hecho? Pero, quizás, no estuve en el secreto para oír; o no estuve en el secreto para recibir lo que luego tenía que dar. 


Querido lector ¿quieres ser de más bendición en este año? Entonces, aquí está la clave: Vivir más cerca del Señor te va a hacer una mayor bendición. 


Una palabra me golpeó el corazón al comienzo de este año: INTIMIDAD. Este llamado, como siempre y más aún en este tiempo, es vital: Intimidad en el 2022. Dios y yo; yo y Dios. Él nos llama a una mayor intimidad. Él nos llama a su secreto. Él nos llama a buscarlo y a fortalecer nuestra intimidad. 


“Juan Carlos”, me dirás, “ya tengo una buena intimidad”. Pues profundiza más. “Juan Carlos, estoy débil en la intimidad”. ¡Es el tiempo! ¡Urge! El Señor te dice: Tú y yo; Yo y tú. Apártate. Quiero estar contigo y tú conmigo... Búscame en el secreto, y yo te voy a usar en lo público". 


Este es el año, amigo lector, para ir a otra dimensión en la intimidad. Y nos está llamando también como Iglesia. En forma congregacional. Porque hay cosas que el Señor las revela, y abre su corazón o se desnuda, solo en la intimidad. Todos los ministerios necesitamos tiempos donde no retransmitimos la reunión a las multitudes del Internet o de las ondas de radio o televisión, para tener una búsqueda en la intimidad. Jesús nos está esperando en la intimidad. Y tiene tanto para nosotros... Si buscamos estar más cerca del Señor, seremos de más bendición que lo que hemos sido hasta el momento. En esto podemos crecer mucho en la siguiente temporada.


4. Invierte en ser de más bendición


Hay personas que se mueven teniendo un enfoque en la ganancia o el beneficio que les reporta cualquier acción. Nosotros, en cambio, tengamos siempre este pensamiento ¿cómo puedo ser de bendición? Y después de que hayas sido de bendición ¿cómo puedo ser de más bendición?

 

Pero, algo podremos constatar: para ser de bendición hay que hacer inversión de tiempo, de dinero, de atención, de amor, de nuestra casa o vehículo, de nuestros talentos y dones, en fin… de nuestra vida. Así lo dijo Pablo: “Y yo muy gustosamente gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré por vuestras almas. Si os amo más, ¿seré amado menos?” (2 Corintios 12:15). Y yo digo con Pablo: Muy gustosamente me gastaré y gastaré lo mío.

 

¡No escondas lo que tienes!


"Pero el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor” (Mateo 25:18). Algunos enterramos los dones y el potencial que Dios nos ha dado en los afanes del mundo. La tierra representaría eso: las cosas de esta vida, como los afanes, las preocupaciones, las responsabilidades, etc. Otros, en cambio, simplemente no queremos esforzarnos, trabajar y servir para ser de bendición a los demás. Somos como ese otro mal siervo de Lucas 19:20: “Y vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, que he tenido guardada en un pañuelo”. Guardamos nuestros recursos en un pañuelo y acabamos destruyendo el propósito de Dios. 


En ambos supuestos, los siervos escondieron lo que habían recibido. Salgamos de todo escondite en el que nos hemos acomodado o atrincherado, pues hay un mundo que nos necesita. Si hemos recibido toda la bendición de Cristo (Efesios 1:3), ¿será para nuestro pingüe disfrute o para llenar la Tierra de su bendición?


La próxima semana completaré este soliloquio con tres claves más. Hasta entonces no olvidemos que somos el pueblo bendecido para ser bendición (Génesis 12:2). ¿Cómo? Viviendo más cerca de Jesús; y no escondiendo lo que hemos recibido de Él, sino compartiéndolo con todos los que nos rodean. Invierte en ser de más bendición.

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