Soliloquios #46

Seremos de más bendición

Seremos de más bendición

Cómo podemos ser de más bendición en este 2022 

Una aspiración de cara al nuevo año


Al comienzo de este nuevo año, una poderosa aspiración se ha fijado en mi pensamiento, como una sana obsesión que conduce mis acciones de una forma consciente o inconsciente, pero creo que siempre agradable al Cielo. Se trata del deseo sincero de querer ser de bendición. Mejor dicho, de ser de más bendición que hasta la fecha. Mi soliloquio de esta semana intentará responder a esta pregunta: ¿Cómo podemos ser de más bendición? ¿Cómo bendecir más nuestro mundo, el reino de Dios y a los que nos rodean en este 2022?


Lo primero que debemos dejar asentado como una sólida base es que somos los herederos en Cristo de la bendición de Abraham: “A fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe” (Gálatas 3:14). A través de Cristo y por la fe en Él, somos herederos de la promesa de bendición y justificación para salvación hecha a Abraham: “Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa” (Gálatas 3:29). 


Ahora bien, la promesa hecha a los patriarcas de Israel, Abraham, Isaac y Jacob, incluye el ser de bendición a las familias y naciones de la Tierra. Así se lo dijo a Abram: “te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición” (…), “y en ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3). Fue confirmado a Isaac: “y en tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra” (Génesis 26:4). Y posteriormente a Jacob: “y en ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra” (Génesis 28:14). 


Indudablemente, dicha bendición tenía que ver con la llegada del Mesías, de lomos de esos hebreos, que sería la salvación y la paz de todos los hombres que pongan su fe en Él. Pero es igualmente cierto que el pueblo de Dios (antes Israel y ahora también la Iglesia) somos portadores de esta bendición y que, mediante la vida de Cristo en nosotros, tenemos un llamado a ser de bendición a individuos, familias y naciones. ¡Qué gran tarea! ¡Qué gran responsabilidad! ¡Cuán inmensurable honor! 


Somos un pueblo bendecido para ser bendición. Y yo, en este nuevo año, deseo ser de más bendición que el anterior, a través de mi vida, con todo lo que tengo y con todo lo que soy. 


¿Pero cómo lograr ser una mayor bendición? Aquí te dejo algunas claves que serán, de seguro, una buena inspiración para esta gran aspiración. Y continuaré durante las próximas dos semanas desarrollando el tema, Dios mediante.


1. Creamos que somos una bendición para los demás


Todo, en la vida del cristiano, es por la fe. Para ser hijos de Abraham y tomar las bendiciones en Cristo debemos creer en lo que Jesús es para nosotros y en lo que nos ha dado para que vivamos en su bendición. ¿Cómo podremos ser de más bendición si no vivimos en una vida plena de bendición, que es nuestra herencia por la gracia de Dios? 


Ahora bien, no importa lo pequeño que te sientas en el Señor, Dios te tiene en la Tierra para que seas una bendición a otros. Como la Dorcas de Hechos 9 (versos 36 al 40), la que resucitó Pedro, Dios te puede usar con algo tan sencillo como aguja e hilo. Probablemente Tabita (el otro nombre de esta hermana en la fe de Jope), no se imaginaba cuánto el Señor la estaba usando para bendecir las vidas de sus vecinos. Sin embargo, al fallecer, no dejaron que el Cielo la disfrutara aún, sino que insistieron al apóstol por un milagro: “entonces… todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas”. Tanto la extrañaron que el Señor la envió de regreso a la Tierra para que Tabita fuese aún de más bendición pues, desde ese momento, ya no solo “abundaría en buenas obras y en limosnas”, como nos relata el Nuevo Testamento, además sería portadora de un poderoso testimonio al tener una historia que contar, con la evidencia de su propia resurrección.


Cree que el Señor te quiere hacer de más bendición, y no te compares con nadie. Tal y como eres, y con aquello que tienes y que te viene a la mano hacer, abunda “en buenas obras y en limosnas”. Vive de tal forma que el Cielo te anhele, porque el Señor desee tu amistad más cercana, y la Tierra te extrañe si partes, porque has tejido vestidos de amor con tus actos de bondad.


Eso sí, cree que puedes ser de más bendición y, al mismo tiempo, no te lo creas. Que no se nos suba a la cabeza y nos sintamos imprescindibles y grandiosos, como si la bendición fuese por nosotros mismos. No. Somos de bendición por el Espíritu de Cristo en nosotros. Es por tener la simiente de Abraham, Isaac y Jacob. “No yo, la gracia de Dios en mí”, decía Pablo (1 Corintios 15:10). No soy yo, es “Cristo que vive en mí” (Gálatas 2:20). Me parece interesante que, para que el Señor le cumpliese la promesa, Abraham primero vivió un proceso. Pasó de llamarse Abram (Padre enaltecido) a Abraham (Padre de multitudes). En este cambio de nombre hay un mensaje: un enemigo de la bendición es el enaltecimiento. En nuestro orgullo no seremos de bendición. Por eso, creamos que somos una bendición como hijos de Dios, pero no nos lo creamos hasta el punto de que alguien nos califique de engreídos. En la humildad y dependencia del Espíritu Santo estará nuestro poder, ya que el Señor podrá usarnos sin el peligro de que le robemos la gloria o de que intentemos hacer las cosas fuera de su plan, como les sucedió a Sarai y Abram cuando pensaron que Agar era la ayuda que necesitaban para tener un hijo y no el poder sobrenatural de Dios. ¡Cuántos Ismaeles he podido fabricar yo por no confiar y esperar en el Señor!


Seguimos con la pregunta ¿Cómo ser de más bendición en este 2022?


2. Llenos de compasión 


Llenos de compasión, como Dorcas. Que esa compasión nos mueva a ayudar a otros; nos saque de nuestra área de confort para llevar amor y actos de misericordia a otras familias. Simplemente amando, seremos de más bendición.


Escuchemos al Maestro en su enseñanza: “Sean ustedes compasivos, como también su Padre es compasivo” (Lucas 6:36. DHH). Y Pablo lo expresó así: “Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo” (Efesios 4:32. DHH). Ser compasivos no es una opción, es un mandato. Amar y perdonar no es una opción, es una naturaleza. 


Estoy leyendo el libro de Martin Luther King, La fuerza de amar. De hecho, me ha apetecido convertir mi lectura en audiolibro pues es una obra descatalogada que posee un gran valor para nosotros. En esta monografía encontramos recopilados los mensajes de King, predicados a sus congregaciones durante el movimiento de defensa de los derechos de la comunidad de color en Estados Unidos. Su lucha no violenta le acabó costando la vida, pues fue asesinado (de todos es sabido), en Memphis, en 1968. No obstante, su reivindicación pacífica, inspirada en el amor de Cristo Jesús, acabó dando fruto y legando a las siguientes generaciones de ciudadanos negros unas mejores condiciones de vida. Extraigo unas palabras de su cuarto capítulo titulado, El amor en acción, y basado en Lucas 23:34: “Entonces Jesús dijo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Luther King escribió este sermón mientras permanecía encarcelado en Georgia:


Durante su predicación por los soleados pueblos de Galilea,

Jesús habla con entusiasmo del perdón. Esta extraña doctrina despierta el

espíritu curioso de Pedro: ¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano si

peca contra mí? ¿Hasta siete veces? 

Pedro quería ser fiel a la ley y a la estadística.

Pero Jesús respondió que el perdón no tenía límites.  

“No digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.

En otras palabras: el perdón no es cuestión de cantidad, sino de calidad. 

Un hombre no puede perdonar cuatrocientas

noventa veces sin que el perdón se integre en la misma estructura

de su ser. El perdón no es un acto ocasional; es una actitud permanente.


Jesús enseñaba a sus discípulos a amar a sus enemigos y a orar por

aquellos que los menospreciaban. En los oídos de muchos, esta enseñanza

sonaba a música extraña, venida de un país desconocido. Les habían enseñado

a amar a los amigos y a odiar a los enemigos. Sus vidas estaban orientadas

a la reparación, según la antigua tradición de la ley del talión. Y Jesús les

enseña que solo por un amor creador a los enemigos podemos convertirnos

en hijos de su Padre que está en el Cielo, y también que el amor y el perdón

son necesidades absolutas para una madurez espiritual. 


Llega el momento de la prueba. Cristo, Hijo inocente de Dios, es clavado 

en una cruz y padece una dolorosa agonía. ¿Es que todavía queda allí lugar 

para el amor y el perdón? ¿Cómo reaccionará Jesús? ¿Qué dirá? 

La respuesta a estas preguntas estalla con un esplendor majestuoso. 

Jesús levanta la cabeza coronada de espinas y

grita palabras de proporciones cósmicas: 

¡Padre, perdónalos, porque no

saben lo que hacen!


Me parece que 1 Pedro 3:8-9 está en armonía con este pensamiento de hoy, en mi soliloquio. Permitidme el atrevimiento de ordenar el verso de otra forma. Originalmente dice: “Sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”. ¿Qué tal si abordamos esta verdad así?:

Puesto que fuisteis llamados para heredar bendición, sed compasivos, amándoos… no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino bendiciendo…


O, dicho de otro modo, nuestra posición ventajosa, de gente bendecida, ya que hemos heredado bendición, nos otorga la posibilidad de dar perdón, porque hemos sido perdonados primero; de amar, porque se nos ha amado por gracia; de bendecir a todos, incluso a los que nos hacen mal o nos maldicen.


El mismo Martin Luther King y, ante todo, Jesús, nos han modelado estas acciones.


¡Queramos ser de mayor bendición en este nuevo año! Y, con la ayuda del Señor, sin duda, ¡seremos de más bendición!


¿Cómo podemos ser de más bendición en este 2022? Expliqué que podríamos perseguir esta aspiración en todo cuanto hagamos e incluso orar: “Señor, ayúdame a ser de más bendición que lo que he sido hasta ahora”. Estoy seguro de que un enfoque así es agradable al Cielo y nos hace avanzar en nuestra vida cristiana.


Abordé dos claves muy sencillas: creamos que somos una bendición para los demás y vivamos llenos de compasión. En este artículo explicaré dos claves más y dejaré para la semana próxima los tres últimos consejos.


De nuevo, la pregunta sería: ¿Cómo ser de más bendición para los demás en este 2022?


3. Al vivir más cerca del Señor


Al vivir más cerca del Señor podremos ser de más bendición a los que nos rodean. Dice en Hebreos que “el Señor es galardonador de los que lo buscan” (Hebreos 11:6). Nuestro Maestro lo expresó así: "Busca en el secreto, y tu Padre te recompensará en público” (Mateo 6:6). Entonces, cuando estamos más cerca del Señor, nos llenamos de su Presencia y después salimos a lo público y somos de más bendición: dejamos su fragancia y un poco de su Presencia allí donde vamos. Aportamos algo bueno a los que están cerca nuestro. 


No dejo de meditar en esta porción de Jeremías, donde hay una pregunta impactante: “Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová y vio y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra y la oyó?” (Jeremías 23:18). Y un poco más abajo continúa: “No envié yo a aquellos profetas, pero ellos corrían. Yo no les hablé, mas ellos profetizaban. Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras” (Jeremías 23:21-22). Eran profetas, pero profetizaban sus propias palabras. Y sí, ellos corrían, solo que iban donde Dios no los enviaba. Dice el Señor: “Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo y lo habrían hecho volver de su mal camino y de la maldad de sus obras”. 


Yo me pregunto: ¿Cuántas cosas me he perdido por no estar en el secreto del Señor? ¿Cuántas cosas podía haber dicho a otros? ¿Cuántas cosas podía haber hecho? Pero, quizás, no estuve en el secreto para oír; o no estuve en el secreto para recibir lo que luego tenía que dar. 


Querido lector ¿quieres ser de más bendición en este año? Entonces, aquí está la clave: Vivir más cerca del Señor te va a hacer una mayor bendición. 


Una palabra me golpeó el corazón al comienzo de este año: INTIMIDAD. Este llamado, como siempre y más aún en este tiempo, es vital: Intimidad en el 2022. Dios y yo; yo y Dios. Él nos llama a una mayor intimidad. Él nos llama a su secreto. Él nos llama a buscarlo y a fortalecer nuestra intimidad. 


“Juan Carlos”, me dirás, “ya tengo una buena intimidad”. Pues profundiza más. “Juan Carlos, estoy débil en la intimidad”. ¡Es el tiempo! ¡Urge! El Señor te dice: Tú y yo; Yo y tú. Apártate. Quiero estar contigo y tú conmigo... Búscame en el secreto, y yo te voy a usar en lo público". 


Este es el año, amigo lector, para ir a otra dimensión en la intimidad. Y nos está llamando también como Iglesia. En forma congregacional. Porque hay cosas que el Señor las revela, y abre su corazón o se desnuda, solo en la intimidad. Todos los ministerios necesitamos tiempos donde no retransmitimos la reunión a las multitudes del Internet o de las ondas de radio o televisión, para tener una búsqueda en la intimidad. Jesús nos está esperando en la intimidad. Y tiene tanto para nosotros... Si buscamos estar más cerca del Señor, seremos de más bendición que lo que hemos sido hasta el momento. En esto podemos crecer mucho en la siguiente temporada.


4. Invierte en ser de más bendición


Hay personas que se mueven teniendo un enfoque en la ganancia o el beneficio que les reporta cualquier acción. Nosotros, en cambio, tengamos siempre este pensamiento ¿cómo puedo ser de bendición? Y después de que hayas sido de bendición ¿cómo puedo ser de más bendición?

 

Pero, algo podremos constatar: para ser de bendición hay que hacer inversión de tiempo, de dinero, de atención, de amor, de nuestra casa o vehículo, de nuestros talentos y dones, en fin… de nuestra vida. Así lo dijo Pablo: “Y yo muy gustosamente gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré por vuestras almas. Si os amo más, ¿seré amado menos?” (2 Corintios 12:15). Y yo digo con Pablo: Muy gustosamente me gastaré y gastaré lo mío.

 

¡No escondas lo que tienes!


"Pero el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor” (Mateo 25:18). Algunos enterramos los dones y el potencial que Dios nos ha dado en los afanes del mundo. La tierra representaría eso: las cosas de esta vida, como los afanes, las preocupaciones, las responsabilidades, etc. Otros, en cambio, simplemente no queremos esforzarnos, trabajar y servir para ser de bendición a los demás. Somos como ese otro mal siervo de Lucas 19:20: “Y vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, que he tenido guardada en un pañuelo”. Guardamos nuestros recursos en un pañuelo y acabamos destruyendo el propósito de Dios. 


En ambos supuestos, los siervos escondieron lo que habían recibido. Salgamos de todo escondite en el que nos hemos acomodado o atrincherado, pues hay un mundo que nos necesita. Si hemos recibido toda la bendición de Cristo (Efesios 1:3), ¿será para nuestro pingüe disfrute o para llenar la Tierra de su bendición?


La próxima semana completaré este soliloquio con tres claves más. Hasta entonces no olvidemos que somos el pueblo bendecido para ser bendición (Génesis 12:2). ¿Cómo? Viviendo más cerca de Jesús; y no escondiendo lo que hemos recibido de Él, sino compartiéndolo con todos los que nos rodean. Invierte en ser de más bendición.   


Todo, en el reino de Dios, tiene utilidad, sirve para algo, vive para otros, es de bendición o comporta un provecho, no solo para sí mismo, sino para los demás. Así es con Dios; y es un principio aplicable a sus ángeles, a su creación natural y, por supuesto, a su pueblo en la Tierra. Si aún estamos aquí es para que su amor y bendición fluyan desde nuestras vidas a otras vidas.


Pero concluiré con otras tres recomendaciones que, para mí, son toda una inspiración.


5. Con el poder del Espíritu 


Cuando deben comenzar los discípulos y los apóstoles, esos 120, el Señor fue muy enfático: “Y reuniéndolos, les mandó que no salieran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre: La cual, les dijo, oísteis de mí; pues Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días... recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hechos 1:4-5,8). Ellos no debían ir a ninguna parte sin el poder del Espíritu, aunque ya tenían la palabra de Jesús, el testimonio de la resurrección de Jesús; aunque cambiaron, cuando vieron que Jesús había vencido a la muerte, y había resucitado; cambió su temor por valentía, y estaban listos para obedecer al Señor; pero Jesús dice: “No en vuestras fuerzas, no en vuestro poder. Necesitáis la llenura del Espíritu Santo”. 


Para ser de bendición no es suficiente con lo numerosos y simpáticos que somos; ni los dones, talentos y todo lo que el Señor ha puesto en cada uno (que, por cierto, es algo único). Sin duda, hay mucha gente que no tiene a Cristo, que no tiene al Espíritu Santo, y a pesar de todo son de gran ayuda y de bendición para otros. Pero, en esto de servir al Señor, los apóstoles no podían comenzar sin tener a Jesús, en la persona del Espíritu Santo, viviendo y reinando en sus vidas. 


Llenos del Espíritu Santo, no es solo haber recibido al Espíritu Santo, sino que es buscar su bautismo, es decir, su llenura. Seremos como una esponja empapada, cargados de su Presencia. Por eso es tan importante el punto anterior, el de pasar tiempo cerca del Señor, porque ahí es donde te empapas. Busquemos al Señor en la madrugada para que nos caiga el rocío, pues, como en lo natural, también cuando buscamos al Señor temprano nos cae el rocío de su Presencia y luego somos de más bendición. 


Hay un versículo que vamos a leer de una manera nueva. Lo conocemos bien, es Zacarías 4:6, pero se me ha ampliado el sentido en la versión Traducción en Lenguaje Actual: “Dios le está mandando un mensaje a Zorobabel, y es el siguiente: Zorobabel, no hace falta que seas poderoso, ni necesitas un gran ejército; lo único que necesitas es mi Espíritu. Yo soy el Dios todopoderoso, y te aseguro que así es” Zacarías 4:6 (TLA). 


No se trata de que tú seas poderoso o de que tengas una gran riqueza, un gran recurso de gente o una gran influencia. Nada de lo que puedas tener en tus fuerzas es tu seguridad o tu aval. “Si Yo te envío, Yo te respaldo”, nos dice el Señor. “Lo único que necesitas es mi Espíritu Santo, porque yo soy el Dios Todopoderoso. Todo el recurso del Cielo está a tu favor para hacer la obra que Yo te mando hacer”. No pienses que esto es para los predicadores o para los que son muy ungidos o para intercesores, evangelistas, etc. No. Todos somos sacerdotes y todos somos ministros del Señor. Es un llamado universal: conformamos un pueblo santificado para servir al Señor. 


El poder del Espíritu es el poder para los que decimos, “no puedo”. El Señor está como Ayudador y a nuestro lado siempre. Siempre puedes pedirle ayuda al Espíritu Santo. Yo suelo preguntar al Señor: “¿Cómo me visto? Espíritu Santo, ayúdame”. Porque no tengo buen gusto. Pero la ayuda del Espíritu es como un padre con un hijo. Tú no se lo haces todo a tu hijo. Quieres que tu hijo vaya haciendo las cosas por sí solo. Hay muchas cosas que podemos hacer porque Dios nos ha dado habilidades: una inteligencia y una capacidad para trabajar, para estudiar, para cocinar, para honrar la autoridad, escuchar a alguien, educar a un hijo, etc. Y el Señor va a estar a tu lado, pero te dice: “¡Hazlo! Que ya te he dado la habilidad”. No obstante, hay otras cosas en la vida en las que le decimos al Señor, con toda franqueza: “yo no puedo”. Lo he intentado cien veces y no puedo perdonar a tal persona que me ha herido. Señor, no puedo, me cuesta testificar en mi trabajo, en mi universidad o con mis familiares. No puedo honrar a este jefe injusto y maleducado. Me cuesta criar a este hijo rebelde... Entonces, le dices al Espíritu Santo: “¡Ayúdame, Espíritu Santo!”. Y contesta el Señor: “Donde tú no puedes, ahí actúa mi poder”. Como se lo expresó a Pablo en 2 Corintios 12:9: “Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad”.


Recuerda: El poder del Espíritu es el poder que necesitamos cuando dices, “no puedo”.


6. Trabajando en equipo 


¿Cómo podemos ser de más bendición en este nuevo año? Trabajando en equipo. Aquí es donde entra el cuerpo. Nuestro potencial se va a multiplicar al trabajar en unidad y en equipo. “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Eclesiastés 4:9-11). 


Aunque Dios te puede usar en una forma individual, pero en el Reino no hay lugar para llaneros solitarios. Grandes profetas, que Dios ha usado solos, como Elías, tarde o temprano son conectados con el cuerpo: con un discípulo, Eliseo; o los siete mil que no han doblado la rodilla ante Baal.


Nos necesitamos unos a otros. Necesitamos al cuerpo. Quizás dices, “pero ¿cómo me puede usar a mí?”. Por ejemplo, al saludar a alguien nuevo, que está empezando en Cristo y nos visita en una reunión. Deja un momento al que conoces de siempre y ve a esa persona que te necesita; salúdala, dale amor, dale cariño, sé de bendición con tu sonrisa y tu amabilidad. 


¡Cuán sabio es Dios, que no nos ha dado todos los dones! Por el contrario, ha repartido dones como ha querido (1 Corintios 12:8-10). Así nos necesitamos y trabajamos como cuerpo. Dios usa a unos cantando; a otros predicando; a otros aconsejando; a otros en su empresa; a otros enseñando; a otros con los niños; y otros con su carrera de psicología, de medicina, etc. Aquello que tú no puedes hacer o que no te gusta, a otro le encanta hacerlo. Debes entender cuándo entra el turno de tu hermano. Da paso a otros y respeta la opinión de los demás. No nos tengamos en poco unos a otros.


Aquellas personas que tienen un ego tan grande, que se sienten la estrella y todo tiene que girar en torno a ellos, llegará un momento en el que no podrán trabajar en equipo. O se encontrarán con otra estrellita y habrá una colisión de estrellas. Pero cuán bueno es cuando podemos decir: “la estrella se llama Jesucristo”. Él es la estrella y el protagonista. Él es la cabeza del cuerpo y todos miembros unos de otros (Efesios 4:25 y Romanos 12:5), cada uno con su funcionamiento. 


Para trabajar en equipo a menudo hay que dar un paso atrás y dejar el lugar a otros. Cuando trabajas en equipo debes discernir cuáles son tus fortalezas y con qué fuertes cuenta el otro. Nuestro potencial se va a multiplicar cuando sepamos trabajar en equipo.  


7. Seamos de más bendición como familia, al tener una familia saludable 

 

El último punto me encanta. ¿Cómo podemos ser de más bendición? Seamos de más bendición como familia, al tener una familia saludable. 


La promesa se la dio el Señor a Jacob: Génesis 28 14. “Jacob, en ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra”. ¿Sabes cómo era la familia de Jacob? La familia de Jacob era más problemática que la familia de los Gucci (el film de Ridley Scott da fe de lo estridente que fue todo en aquella casa). En la familia de Jacob descubrimos muchos problemas. Pero Dios no se cansó de aquel pequeño pueblo y siguió trabajando en Jacob para convertirlo en Israel; obró en Judá, para que fuera todo un primogénito; en los hermanos de José, para que le pidieran perdón; en José, para hacerlo príncipe de Egipto... En la familia de los patriarcas distinguimos el poder de la gracia de Dios para convertirlos en una bendición a todas las familias de la Tierra; y de esos lomos viene Cristo.

 

Entonces, si tú dices, “Señor, puedes usar a la familia de tal o cual hermano, pero nosotros no somos una casa capaz de bendecir a otras familias”. Solo te contestaré: démosle lugar al Reino de Dios en nuestros hogares. Hombre, deja que el Señor sea tu cabeza, deja que Él te trate como obró en Jacob, para que seas un hombre diferente con tu mujer y con tus hijos. Serás el sacerdote y el líder que necesita tu casa. Mujer, dale lugar al obrar de Cristo, para que te conviertas en una mujer de Dios, que traes un ambiente de bendición a casa; que sabes cuidar a tu esposo y a tus hijos; que brillas con la luz de Jesús en medio de la sociedad. Hijos, abrid el corazón al Señor, para ser hijos que honran a sus padres... ¡Claro que tenemos problemas! ¡Todas las familias! Pero el Dios de Jacob (Salmo 146:5) sabe sanar relaciones y restaurar familias y transformar corazones.  


Estéfanas fue un siervo de la iglesia de los Hechos, en Acaya. El nombre Estéfanas significa ‘el coronado’. Un coronado es un rey o un campeón. Estéfanas fue un campeón. Al menos para mí. Lo considero un hombre de éxito, porque un hombre exitoso es alguien que tiene una familia saludable, que puede ser una casa de bendición para otras familias. Para mí, esa persona ha triunfado en la vida. Así fue la familia de Estéfanas (1ª Corintios 16:15-16). ¿Qué sabemos de ellos? Que el Señor los hizo cada vez de más bendición, hasta que llegaron a ser líderes. Pero no llegaron a ser líderes simplemente por ser los primeros convertidos de Acaya. Ni llegaron a ser líderes porque estudiaron en tal o cual seminario o universidad. Acabaron siendo líderes porque se dedicaron para el Señor y para ser de bendición a los demás. Su servicio les dio autoridad. Su entrega les otorgó un respaldo. Por eso el apóstol Pablo dice: “honrad y estad sujetos a gente como ellos”. Es maravilloso cuando, como la casa de Estéfanas, somos una familia de bendición.


Ha llegado nuestro turno


Jesús es la bendición mayúscula, la bendición plena, la bendición eterna para todos los hombres. Para mi propia vida, Jesús ha sido el gran regalo, la gran bendición. Todo lo de este mundo, al final, o cansa o se acaba; e incluso lo bueno de este mundo deja una factura. Si, por ejemplo, buscas solamente tus placeres, buscas tu propio éxito, prosperar y ser feliz. Esa “bendición”, más tarde puede acarrear una depresión o una factura de tristeza o una factura de resaca o de enfermedad. Pero “la bendición del Señor es la que enriquece y, con ella, Dios no añade tristeza” (Proverbios 10:22). Es una bendición que no se acaba, es una bendición que no deja resaca, y que va en aumento. 

Jesús es la bendición para todos nosotros, pero Él fue llevado al Cielo y está con el Padre. Su bendición en la Tierra sigue activa a través de la Iglesia, que somos el cuerpo de Cristo, sus hijos y discípulos. Dijo Jesús: “Como el Padre me ha enviado, así yo os envío” (Juan 20:21). Cuando él ascendía, mientras se despedía de sus discípulos, ascendió al cielo bendiciéndolos (Lucas 24:51), porque somos el pueblo bendecido para ser de bendición. “Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones” (Mateo 28:18-19). Nos delegó autoridad para poder hacer su obra. Ha llegado nuestro turno.


Resumiendo 


Una aspiración para el 2022 es ser de más bendición. Pero ¿cómo voy a ser de bendición si no vivo en bendición? Debo vivir en la bendición que el Señor nos ha dado en Cristo. Creamos que somos una bendición para los demás; llenémonos de compasión; invirtamos en ser de más bendición; y vivamos más cerca del Señor. Además, con el poder del Espíritu, trabajando en equipo y como familia, al tener una familia saludable, el Señor nos va a ayudar a ser una bendición caída del Cielo para todos los que estén cerca nuestro. 


Ánimo y nunca perdamos de vista un enfoque tan sencillo y, al mismo tiempo, tan poderoso como el que hemos estudiado.

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