Soliloquios #47

 

Soliloquios 47

Ante la guerra de Ucrania, un despertar de oración

Ha estallado la guerra en Ucrania. Parece una pesadilla, pero ya es un hecho, no podemos hacer nada para cambiar esta horrible realidad. Los hombres matan a otro hombre que no conocen, como dijera el fotógrafo Erich Hartmann (1): “La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí por la decisión de viejos, que se conocen y se odian, pero no se matan”.

Resulta patético pensar que, tras innumerables conflictos bélicos, dos de ellos de dimensiones mundiales, no hemos aprendido nada. Rusia decide invadir Ucrania y la frágil estabilidad mundial se balancea peligrosamente en la cuerda floja de la destrucción masiva

En su día, Martin Luther King, que presenciaba con preocupación, como muchos, la escalada armamentística de la Guerra Fría advirtió del mal que se cernía sobre la Humanidad en estos términos: “Si admitimos que la vida vale la pena de ser vivida y que el hombre tiene derecho a sobrevivir, debemos encontrar otra alternativa para la guerra. En una época en la que los vehículos espaciales surcan el cosmos y los proyectiles dirigidos trazan sus curvas mortales en la estratosfera, ninguna nación puede pretender la victoria en una guerra. Una guerra limitada no dejaría más que una herencia catastrófica de sufrimiento humano, de desorden político y de desilusión espiritual. Una guerra mundial (¡Dios nos libre de ella!) solo dejaría un rescoldo bajo la ceniza, como testimonio mudo de una especie humana cuyo desvarío le había llevado a una muerte prematura” (2).

Ayer, ante la angustiosa noticia de la invasión de Rusia, recordé el poema de Juan Tomás y Salvany (1839-1911), La guerra, que dejo al final de este soliloquio como una joya lírica en relación con este vergonzoso tema. Aquí, del mismo, rescato esta pregunta: “¡Y Dios!... ¿qué dijo en el cielo?”. Mientras uno de los bandos grita “¡Victoria!” y los cadáveres yacen en el suelo ensangrentado, ¿qué piensa Dios, nuestro Padre y Creador, al ver la locura cainita a escala superlativa? ¡Qué dolor indescriptible para su corazón amante! Cuánta frustración al comprobar una vez más que el sacrificio de su Hijo, efectuado para librarnos de la codicia y violencia que nos conducen a la guerra (3), se torna inútil para la mayoría de mortales.

Otra pregunta me parece insoslayable para nosotros, los hijos de Dios: ¿Qué podemos hacer ante la guerra de Ucrania? Protestar con voz profética; generar ayuda humanitaria; ser parte de la reconstrucción, cuando llegue el momento; acoger a refugiados; sufrir con el que sufre... Sin embargo, cualquier acción debe estar precedida y protagonizada por un intenso espíritu de oración. Que la sinrazón de un nuevo conflicto bélico nos enardezca interiormente y produzca en nosotros clamor ferviente o, en los términos de James W. Goll (4), una tormenta de oración. Para el escritor y conferenciante, “Dios no solamente ordena tormentas naturales sobre la tierra, Él es una tormenta y, por extensión, dado que hemos sido creados a su imagen, comisionados como sus siervos y sus hijos adoptivos, nosotros somos también como una tormenta cuando obramos en su nombre”. Goll basa su libro y ministerio en Job 36:32: “Toma entre sus manos el relámpago y le ordena dar en el blanco”. Para el director de Prayer Storm y coordinador de Encounters Alliance cuando oramos al Creador con este entendimiento podemos pedir que la tormenta de Dios invada el reino terrenal: “Llamamos su atención a un objetivo o área en particular. Una tormenta de oración que libera una tormenta de poder”. Y ante la cuestión principal, ¿Qué es una tormenta de oración? James Goll aclara que “una tormenta de oración es cuando el pueblo clama de manera verbal, no de manera tranquila, sino apasionada, pidiendo a Dios en el nombre de Jesús para que las cosas cambien”. De manera que nos invita a “pedir fuertes vientos del Espíritu y los gloriosos destellos del brillo de su presencia, que Él haga estallar la oscuridad con su luz”.

Para referencia histórica de un gran mover de oración surgido de tiempos de guerra podemos acudir a la biografía de Edward McKendree Bounds (1835-1913). El que es históricamente reconocido como el mayor maestro de oración, después del Señor Jesucristo, llegó a ser parte del Tercer Gran Despertar (5) de Estados Unidos, que se vio interrumpido cuando en 1861 estalla la Guerra Civil. Al estudiar el ambiente espiritual en los años anteriores a la guerra encontramos dos ejemplos: el de Lanphier Jeremías (6), un sencillo empresario de Nueva York, quien comenzó tiempos de oración en una humilde iglesia (dichos encuentros llegaron a reunir a unas 6000 personas); y el caso de la ciudad de Washington, donde el despertar provocó que las iglesias tuviesen que celebrar cuatro servicios para atender a tanta gente. El fervor religioso se tradujo en reuniones de oración que se convertirían en toda una revolución espiritual. Este espíritu de renovación desembocó en profundas transformaciones sociales: el Movimiento de Santidad (7); el Despertar Misionero (Missionary Awakening); o el activismo social, con el Social Gospel Movement (7).

E. M. Bounds fue claramente influenciado por aquel ambiente de renacimiento espiritual. Su búsqueda incansable de Dios en oración o su fe en la capacidad de reforma del cristianismo están en coherencia con aquel movimiento espiritual, que va mucho más allá de la práctica religiosa en templos o en privado. Por eso Bounds llegó a escribir que (8) “Dios modela el mundo a través de la oración”, o, más contundente aún, esta otra sentencia: “Si todos los discípulos tuvieran el máximo esfuerzo de oración perseverante, estaríamos a las puertas de una revolución en el mundo… Cuando la Iglesia de Dios, en verdadera fe clame, tendrá lugar una verdadera revolución” (8).

El avivamiento fue interrumpido en el Norte por el conflicto más sangriento de la historia de Estados Unidos (en los cuatro años de enfrentamientos murieron entre 620 000 y 750 000 personas). Pero en el Sur, en el ejército del general Robert E. Lee, la Guerra de Secesión estimuló los despertares y las conversiones, especialmente a través de los chaplain. Precisamente, Bounds acabó ejerciendo una próspera capellanía en el ejército de los Estados Confederados. Para ser más concretos, en el 3rd Missouri Infantry CSA.

Para cuando el pastor misuriano quedó en libertad, por el fin de la guerra, contaba con treinta años a sus espaldas. Llegaba el tiempo de la restauración o lo que se denominó la Era de la Reconstrucción (9) (1863-1877). Bounds lo entendió perfectamente. Debía nacer un nuevo Estados Unidos de las cenizas de la devastación. Por eso, en Franklin, se dedicó a celebrar reuniones de oración semanales como pastor de la Iglesia Episcopal Metodista que provocaron un avivamiento, y fueron cruciales para la reconstrucción espiritual de la ciudad.

Bounds echó mano de ese caudal y contagió a otros, de manera que Franklin se convirtió, en palabras de Charles Finney (10), en un burned-over district, es decir, un distrito incendiado. Aquel fuego de oración y restauración espiritual debía extenderse a otros lugares y tal fue el empeño de Edward en los siguientes años, como predicador itinerante.

En medio de este tiempo de guerra nosotros podemos levantarnos en un despertar de oración que trascenderá lo que pedimos o imaginamos. De nuevo citando a Goll (4): “Sostener en alto el propósito de Dios para que Él lo cumpla”. Creamos que, a pesar de la matanza y de la crisis mundial, el Señor puede abrir un nuevo escenario de avivamiento, salvación y restauración, imbuido por el mismo espíritu de oración que generaciones pasadas han desarrollado en sus propias temporadas de guerra.

Las prayer sessions (reuniones de oración), que sucedieron a la Guerra Civil en Estados Unidos, a menudo duraban varias horas y a través de ellas E. M. Bounds pudo constatar lo que años después plasmaría en uno de sus manuscritos: (8)“Pocos cristianos tienen una ligera idea de lo que es el poder de la oración; y, menos aún, los que tienen una experiencia con ese poder. La Iglesia parece casi ignorar el poder que Dios ha puesto en sus manos. Este cheque en blanco sobre los infinitos recursos del poder y la sabiduría de Dios…”.

Finalizo mi soliloquio con un sueño: reuniones de oración fervientes de pastores y líderes de una ciudad o una región; vigilias y ayunos congregacionales; jóvenes que madrugan para buscar al Señor y clamar unidos; convocatorias por las redes sociales y los mass media en las que nos demos cita “prisioneros de esperanza” (11) que creamos que Dios tiene la última palabra y es capaz de dar un giro beneficioso a estos lamentables acontecimientos.

Os dejo con el poema prometido de Salvany...

La guerra
Juan Tomás y Salvany (1839-1911)

Dos soldados arma en puño,
el uno del otro al lado,
con el pecho atravesado
cayeron sobre un terruño.
-¡Caray qué lucha tan fiera!
-¿Fue tu brazo el que me hirió?
-Sí.
-¿Me aborrecías?
-¿Yo?
Ni te conozco siquiera,
¿Y tú?... ¿Me has herido?
-Sí.
-¡A ellos! -el jefe decía-;
y sin mirar lo que hacía
el hierro en tu pecho hundí.
-¡Caray, qué lucha tan fiera!
-¡Vaya un modo de matarnos!
-¡Nos herimos sin odiarnos!
-¡Sin conocernos siquiera!
-Como me duele esta herida!
-¡Tampoco mi mal se calma!
-¿Me perdonas?
-¡Con el alma!
¿Y tú?
-Yo con alma y vida.
Acércate.
-Será en vano:
estoy tan débil y tan...
-Dame tus brazos.
-Ahí van.
-Soy tu amigo.
-Soy tu hermano.
Tras indecible agonía,
expiraron en un punto,
el uno del otro junto,
murmurando: 
-¡Madre mía!
De pronto retembló el suelo,
Y un rey, cubierto de gloria,
pasó gritando:
-¡Victoria!
¡Y Dios!... ¿qué dijo en el cielo?

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- (1) Artículo sobre Erich Hartmann en la revista Suples: https://suplesnet.wordpress.com/2016/05/12/erich-hartmann-la-guerra-es-un-lugar-donde-jovenes-que-no-se-conocen-y-no-se-odian-se-matan-entre-si/comment-page-1/

- (2) Mensaje de M. L. King titulado El amor en acción y escrito desde la cárcel de Georgia.

- (3) Santiago 4:1-2: ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? 2 Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.

- (4) Goll, James W. (2018). Tormenta de Oración: La hora que cambia el mundo. Destiny Image Publishers

- (5) McClymond, Michael, ed. (2007). Enciclopedia de avivamientos religiosos en América. Westport, Connecticut: Greenwood Press.

- (6) Protestante Digital
https://protestantedigital.com/
Tercer Gran Despertar 
https://protestantedigital.com/historia/13270/el-tercer-gran-despertar-espiritual

- (7) Jones, Charles Edwin (1974). Persuasión perfeccionista: el movimiento de santidad y el metodismo estadounidense, 1867-1936.

- (8) Ravenhill, Leonard (2008). Un tesoro de oración. Ed. Clásicos de Nelson.

- (9) Hill, Joseph A. (1894). "El impuesto sobre la renta de la guerra civil", Quarterly Journal of Economics vol. 8, núm. 4

- (10) Whitney R. Cross (1951). The Burned-over District: The Social and Intellectual History of Enthusiastic Religion in Western New, 1800–1850.

- (11) Zacarías 9:12: Volveos a la fortaleza, oh prisioneros de esperanza; hoy también os anuncio que os restauraré el doble.

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