Poema: De luchador a luchador

Poema, De luchador a luchador

Poema: De luchador a luchador 

 

De luchador a luchador… 

Deja que la vida pase, hermano, 

y mientras pasa sácale el mejor partido. 

Absorbe las gotas de gracia que destila el cielo, 

así como Sion bebe de Hermón el rocío. 

No seas de los que miran sin ver, 

oyen sin oír, sienten sin sentir… 

Hay tanta belleza si entrenas la mirada; 

tantas cosas buenas por las que despertar, respirar, luchar… 

El agujero negro de la desesperanza y el hastío todo lo devora.  

¿Te das cuenta, hermano? 

Solo escaparemos si nos aferramos a la luz.  

Que no nos roben la luz.  

Es lo único que nos queda.  

Es nuestra riqueza.  

Que no la tornen en sombras.  

Si te hieren, perdona.  

Si se quejan, tú da gracias.  

Si van a lo suyo, sé generoso.  

Si ensucian, limpia.  

O, al menos, no ensuciemos como ellos… 

Ensucian el planeta, ensucian el buen nombre,  

dañan lo puro de la palabra ‘amor’, 

olvidan lo sagrado de la vida 

y hacen del lecho un lodazal, 

un lugar de paso, ya no nido para la felicidad. 

Que no nos engulla la masa gris, 

voraz, deforme, pegajosa 

 y hedionda de ‘lo mediocre’. 

 

Son muchos los malos.  

Hacen demasiado ruido.  

Intimidan.  

Ocupan espacios.  

Se creen todopoderosos.  

Se ocultan en las sombras del globalismo… 

Pero aún quedan millones de buenos. 

Es hora de que despertemos y hablemos y actuemos. 

Que si se cierra el telón antes de tiempo  

quede claro qué papel interpretábamos 

en la gran función de esta obra 

que parece un sinsentido, 

aunque haya detrás una trama que repta 

y que acabará tal y como Dios lo ha prometido. 

 

¡Huye, hermano, huye! 

Si la noche te cerca, 

si la ruina te espanta, 

si todo parece zaherido. 

Refúgiate en lo verde  

y en la fe y en buenos libros. 

Escala el torreón del optimismo.  

Conquístalo y ahí resiste. 

Escapa hacia un abrazo,  

escucha cómo discurre un río, 

sostén la mirada a un amigo,  

avancemos al trono de la gracia 

 y respiremos el oxígeno del Santísimo.  

Y nada…  

Renovemos fuerzas 

y regresemos al terreno enemigo,  

a conquistar otro día, una nueva jornada,  

en la que antes de dormir digamos:  

¡para esto he nacido! 

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