Soliloquios #53

Soliloquios 53, Ser o no ser intrascendente, 4 consejos

Ser o no ser in/trascendente: 4 consejos

Todos podemos vivir una vida intrascendente. Es una existencia en la que no se piensa en la eternidad ni en Dios. Es una vida que se va en las preocupaciones de aquí abajo y tiene como única recompensa algunos logros o disfrutes terrenales. Sin embargo, Jesús vivió una vida corta, treinta y tres años, pero fue una vida trascendente.

La vida trascendente es superior. Para poder decir que estamos inmersos en una vida trascendente no es suficiente haber tomado la decisión de ser cristianos. Eso es solo el comienzo. Además, hace falta algo más que ser simplemente un cristiano... Debemos proponernos cada día escapar de lo intrascendente. Lo intrascendente, parece que nos atrapa, que nos roba la fuerza. Y cada día hemos de proponernos escapar de lo intrascendente y perseguir lo eterno y lo trascendental.

En las palabras del Sermón del Monte, palabras de nuestro amado Jesús, encontramos cuatro principios que son imprescindibles para vencer lo intrascendente y poder vivir una vida trascendente.

Por cierto, Jesús modeló cada uno de estos principios. Toma nota de ellos.

1. Para vivir una vida trascendente agrada a tu Señor: “Nadie puede servir a dos señores. Porque, o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24).

2. Cuida tu corazón: “Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mateo 6:21). En consonancia con Proverbios 4:23: “Sobre toda cosa guardada, guarda con toda diligencia tu corazón, porque de él mana la vida”.

3. Para vivir una vida trascendente busca el reino; Mateo 6:33: “Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

4. Y vive el hoy: Mateo 6:34: “Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana. Porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas”. Vive el hoy.

Cuando hablo de vivir una vida trascendente y escapar de lo intrascendente no estoy pensando en que huyamos de las responsabilidades: trabajar, comer, vestirnos, formar una familia y todas esas cosas que son parte de la lucha aquí en la tierra.

Lo que quiero decir es que hay muchas personas que se enredan en lo de aquí abajo y eso les limita. No piensan en Dios, no piensan en la eternidad, no viven una vida que pueda trascender. “Ningún soldado en servicio activo se enreda en los negocios de la vida diaria, a fin de poder agradar al que lo reclutó como soldado” (2 Timoteo 2:4).

Jesús también tuvo muchas responsabilidades. Él también fue un buen trabajador. Y comía y dormía y tenía gente a su cuidado. Él no era alguien descuidado, pero no se le iba la fuerza en todo eso. Y en el Sermón del Monte nos está enseñando a vivir como Él vivió. Jesús enseñaba con autoridad, porque lo que él decía primeramente lo vivía y lo modelaba. Sus treinta y tres años de vida han marcado la historia, han cambiado el curso de los tiempos y han transformado a millones de seres humanos. ¿Por qué? Porque hubo un hombre que desde que nació estaba viviendo una vida que trascendía: una vida espiritual, que agradaba a Dios y modelando lo que enseñó en el Sermón de Monte.

Quiero reflexionar brevemente en cada uno de estos principios, empezando por el último. Pero nota que estamos manejando preguntas que son muy importantes para el ser humano: “Vive el hoy” remite a ¿cómo manejamos nuestro tiempo? Esto es, el concepto del tiempo. “Agrada a tu señor”, podría ser ¿para quién vivo? El “Cuida tu corazón” responde a la interrogante, ¿cómo vivo? Y “Busca el reino”, pone en el foco de atención en ¿qué busco? ¿qué anhelo? ¿a qué aspiro? Todo ser humano, antes o después, toma decisiones que marcan su trayectoria y que son su filosofía de vida en cada una de estas cuestiones. Los discípulos de Jesús, nos diferenciamos de millones de personas que viven vidas intrascendentes. Quizás se conforman con sobrevivir; con lograr algunas cosas o incluso disfrutar de su corta existencia. Pero nosotros aspiramos a algo superior; a vivir como nuestro Maestro nos ha enseñado que vivamos.

1. Vive el hoy

¿Cómo manejo mi tiempo? ¿Cómo manejamos el tiempo, nosotros, los cristianos? Esa sería la primera pregunta. “Vive el hoy”, es la respuesta.

Jesús enseñó que vivamos en el presente. Mateo 6:34: “Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas”. 

Jesús ha vivido treinta años y sabe todo lo que hay en la tierra. Ha sufrido luchas como tú y como yo; ha visto a mucha gente viviendo en ansiedad. Por eso, dice en el verso veinticinco: “No os preocupéis”. Verso veintisiete: “Y quién de vosotros por ansioso que esté puede añadir una hora al curso de su vida”. Verso veintiocho: “Y por la ropa, ¿por qué os preocupáis?”. Verso treinta y uno: “Por tanto, no os preocupéis”. Verso treinta y dos: “Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas...”. Se repite la expresión “no os preocupéis” dos veces, y menciona la ansiedad en dos versículos. El Maestro nos dice: “No os preocupéis y no estéis ansiosos”. 

Si nosotros vivimos con preocupaciones y ansiedad ¿en qué nos diferenciamos de los que no tienen al Señor? Jesús aprendió a vencer a la preocupación y la ansiedad que nos roban la fuerza, la energía mental, y que hacen la vida intrascendente. Él estaba enfocado en algo superior y vivía en paz. Yo quiero aprender eso también. Estoy en el camino, no lo he logrado, pero no quiero que se me escape la vida, sino disfrutarla y aprovecharla para Dios. ¿De qué sirve tanta preocupación y tanta ansiedad? No es el modelo.

Jesús dice, en el verso treinta y cuatro: “Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana, porque el día de mañana se cuidará de sí mismo”. No interpretemos esto literalmente, porque ningún día se cuida de sí mismo. Lo que está diciendo es que el mismo Dios que te cuida hoy, será el mismo Dios que te cuidará mañana. Dios es fiel hoy y será fiel mañana.

Yo confío en que mi Padre ya está en el día de mañana, porque Él vive en la dimensión eterna, por encima del espacio y del tiempo. Él me da el pan hoy, y me enseñó a orar “Señor, dame el pan de cada día”. El que me da el pan hoy, y me va a dar el pan mañana. Está hablándole a judíos humildes. No está hablando a gente rica. La multitud que tiene a su alrededor en el monte son gente que lucha para vivir, son gente que no tiene seguridad social ni plan de pensiones. Son pescadores, agricultores, ganaderos, artesanos, costureras... No sabían bien qué iba a hacer el poder romano con ellos. Jesús no está hablando a un grupo de acomodados del siglo XXI, que tienen todo asegurado con la compañía tal o cual, y su plan de pensiones, o confianza en el gobierno de turno o en la democracia. Jesús se dirige a gente muy humilde, a trabajadores, a pescadores, agricultores... que además están esclavos, cautivos del poder de Roma. Y a esa gente dice: “El día de mañana se cuidará de sí mismo”. O, dicho de otra forma, “¡Dios les cuidará el día de mañana! No estén preocupados por qué comerán, o que beberán o que vestirán, porque su Padre sabe de lo que tienen necesidad. Si ya son hijos de Dios, Dios les va a cuidar. Él está por encima de Roma, del César, del Sanedrín...”. Dios está por encima de las estaciones y de los tiempos. Dios no deja a sus hijos desamparados. Nos va a cuidar. Por eso dice: “No os preocupéis por el día de mañana. El día de mañana se cuidará de sí mismo. Dios os cuida hoy, y os cuidará mañana”. Jesús dijo. “Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).

No desperdicies tu día hoy, porque, como dice un pastor amigo, “el presente es un presente”. El hoy es un regalo. Cada nuevo amanecer es un don que Dios nos ha hecho. Pero a mí también me da esperanza saber que, si ayer me equivoqué o no aproveché bien el día, hoy es una nueva oportunidad. En cada nuevo amanecer se renueva la misericordia del Señor. Si ayer no lo hice bien y me despierto hoy, es un nuevo día, y tengo una oportunidad nueva para ser un mejor trabajador, un mejor padre, un mejor hijo, un mejor amigo...

Digámonos: “¡Que hoy sea un día trascendente! ¡Que haya merecido la pena despertar!”.

2. Nadie puede servir a dos señores 

Agrada a tu Señor. Nadie puede servir a dos señores. Sin embargo, en un sentido, sí se puede servir a dos señores, y hasta a tres. ¿Cómo? Si no los sirves plenamente. Si le das un poquito a cada uno de esos señores. Así hay muchos, que están sirviendo a la vez a Dios y a la riqueza, o a Dios y a otra cosa. Hubo un tiempo cuando Israel estaba con Dios y con Baal. Pero aparece Elías y les dice: “¡Dejad de estar entre Baal y Dios! Si Dios es el Señor, servidle, y si Baal es el Señor servid a Baal”.

¡Cuantos de nosotros podemos tener también otros altares, además del de Dios! Y le damos un poquito a esto y un poquito a lo otro. Pero Jesús es radical. Nos enseña que no puedes dar el cien por cien de tu corazón a Dios y el cien por cien al dinero. Mateo 6:24: “No podéis servir a Dios y a Mamón”, (o las riquezas). No podemos darle el todo a Dios y a otra cosa. Por eso aclara en 1 Juan 2:15 que el que tiene amor al mundo, el amor del Padre no está en él. Y en Santiago 4:4: “El que es amigo del mundo se constituye enemigo de Dios”. Porque Dios no quiere una parte de mi corazón. Dios quiere toda mi vida, todo mi corazón, toda mi fuerza y todo mi pensamiento. Y ahí es donde solamente puedes tener un Dios. “Oye Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es...” (Deuteronomio 6:4). ¿Y amarás al Señor un poco? ¡No! Con toda la mente, con toda la fuerza y con todo el corazón.

De manera que, cada día, para vivir una vida trascendente, agrada a tu Señor. Ámale con todo tu ser. Entrégate solamente a Él, o, dicho de otra forma, completamente a Él, en totalidad. Cuando vives desde esta perspectiva, todo cambia. Es un descanso muy grande para mí. ¿Sabes por qué? Porque yo entiendo que mi familia es de Dios, se la he entregado. Yo entiendo que mi trabajo es de Dios. Yo entiendo que mis hijos son de Dios. Me concentro en agradar a mi Señor y sé que Él va a cuidar de mi casa, de mi trabajo, de mis hijos y de todo lo demás. Pero yo soy un siervo. Colaboro con Él. Mi confianza no está puesta en mi fuerza. Mi confianza está puesta en el Señor.

3. Busca el reino

Me imagino a Jesús, que tenía problemas, como todos y mucho más, por la responsabilidad de ser el Salvador. Pero Él había aprendido a vivir confiando en su Padre, descansando en Dios y haciendo cada día lo que le tocaba: en los negocios de su Padre. Eso sí, viviendo un día a la vez. Él no vivía preocupado, ansioso, afanado, sino que Él vivía buscando el reino de Dios y su justicia. Las demás cosas, el Padre las fue alineando. ¿Recuerdas que cuando muere Jesús en la cruz todavía no había creído en Él ninguno de sus hermanos? Pero Él sabía que el Espíritu Santo haría el trabajo en su familia. Después de que resucita todos creyeron en Él. Ahora bien, no vivió ansioso o preocupado, sino haciendo la parte que le tocaba. Eso me ministra mucho.

Tú no puedes convertir a tu hermano ni a tu hijo o a tu esposo. Tú no puedes convertir a tu padre ni a tu madre ni a tu jefe ni a tu compañero. Pero tú, en la parte que te toca, agrada a Dios cada día y vive buscando el Reino de Dios y su justicia. El Señor se va a ocupar de lo demás.

4. Cuida tu corazón

Mateo 6:21: “Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”. Y en este contexto de enseñanza, sobre vivir en el reino de Dios una vida trascendente, al cuidar el corazón, Jesús añade: “La lámpara del cuerpo es el ojo; por eso, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Así que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande será la oscuridad!” (Mateo 6:22-23).

El Maestro está enseñando sobre la forma en la que es capaz de tener visión nuestro corazón. De nuevo, recuerda que Jesús se dirige a niños, a pescadores, a gente humilde... Y Jesús no se está esforzando en explicar todo en detalle, sino que les está hablando en parábolas para que se les revelen las verdades del reino. El ojo tiene que ver con la forma en la que ve mi corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Un corazón sano equivale a un ojo sano. Y todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo, tu corazón, está malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad.

Dice Proverbios que el corazón alegre, sana como medicina, o constituye un buen remedio, pero que el corazón afligido quebranta los huesos (Proverbios 17:22). “Un corazón apacible es vida para el cuerpo, mas las pasiones son podredumbre de los huesos” (Proverbios 14:30). Cuando en el corazón hay oscuridad, ¡cuán grande es la oscuridad en toda nuestra vida! Cuando el corazón está sano tiene un banquete continuo (Proverbios 15:15). “El de corazón alegre tiene un banquete continuo”. Pero el que tiene un corazón afligido no puede disfrutar de nada. ¡Cuidemos el corazón!

Y Jesús nos está dando aquí varias claves sobre cómo cuidar nuestro corazón. Dice que “donde esté tu tesoro, ahí está también tu corazón”. ¿Sabes dónde tienes que poner tu corazón? Ponlo en Dios. Ponlo arriba, y tu corazón estará a buen recaudo. Si pones tu corazón y tu tesoro en las cosas del mundo, ¡ay! ¡pobre, tu corazón! Entrégale a Dios tu corazón, y que ahí esté tu tesoro, entonces tu corazón estará fuerte y seguro.

Por otra parte ¿de qué llenamos el corazón? ¿De luz o de oscuridad? ¿Cómo cuidar el corazón? Llénalo de luz. Mantén limpio tu corazón. Mantén tu corazón lleno de las cosas buenas de Dios: de la Palabra, de la Presencia de Dios, lleno de alegría y de alabanza. Cuídalo, es tu responsabilidad. Dios no va a venir a cuidarte el corazón. Ni siquiera yo puedo cuidar el corazón de mi familia. Cuido mi propio corazón y tengo que estar velando de que mi corazón no se cargue de preocupación, de que mi corazón no se llene de amargura. Hay gente que ha llenado su corazón de falta de perdón o de resentimiento y viven amargados. Esa oscuridad de su corazón ha llenado toda su vida de tinieblas. Porque lo descuidaron.

Llena tu corazón de Dios. “Todo lo bueno, lo justo, lo noble, lo que es digno de alabanza, en lo que hay virtud alguna, en esto pensad, y el Dios de paz estará con vosotros” (Filipenses 4:9). Es una responsabilidad muy grande, la de cuidar nuestro corazón cada día, y tomar la dosis de Cristo que necesitamos. Porque cuando me lleno solamente las cosas de aquí abajo, mi corazón se turba. Y si mi corazón está débil, toda mi vida está enferma. Si mi corazón está enfermo, no disfruto de nada. Pero buena cosa es para el corazón fortalecerse con la gracia de Dios (Hebreos 13:9). Hay gracia para nuestros corazones.

 Recuerda: una vida trascendente es aquella que agrada a su Señor, que cuida su corazón, busca el reino de Dios y vive en el hoy.

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