Cincuenta citas de Spurgeon (Soliloquios)

50 citas de Spurgeon

50 citas de Spurgeon que todos debemos conocer

Charles Haddon Spurgeon (1834-1892), el que fue llamado ‘Príncipe de los predicadores’, fue un prolífico escritor y magistral expositor bíblico. Su legado espiritual incluye citas que son todavía hoy usadas en sermones, recomendada en libros, twitteadas y comentadas en redes sociales.

Las que he seleccionado para este soliloquio bien pueden servir de brújula para diferentes temas de la vida cristiana y resultan una bocanada de aire puro en tiempos tóxicos como los que nos ha tocado vivir. Leer a Spurgeon siempre es eso, un paseo por las alturas devocionales y una reflexión práctica que no dejará al buscador de la verdad indiferente.

He separado las citas en dos bloques: cuarenta citas breves y diez citas largas.

Cuando llegues al final de este artículo comprenderás por qué Carlos Spurgeon es, quizás, el predicador cristiano más citado de todos los tiempos, exceptuando, claro está, a Jesús, nuestro Señor y Maestro.

 

* 40 citas breves:

 

Sobre la lectura:

  1. Una Biblia que se cae en pedazos usualmente pertenece a una persona que no está hecha pedazos.
  2. Entréguese a la lectura. El hombre que nunca lee nunca será leído. Quien nunca cita nunca será citado. Aquel que no usa los pensamientos de los cerebros de otros hombres prueba que no tiene cerebro propio. ¡Necesita leer!

Sobre la oración:

  1. Una vida sin oración es una vida sin Cristo.
  2. Siempre que Dios desea hacer algo, Él convoca a su pueblo a orar.
  3. Tú puedes ser omnipotente si sabes cómo orar, omnipotente en todas las cosas que glorifican a Dios.
  4. Una sola noche de oración puede transformarnos en hombres nuevos: hacernos pasar de la pobreza de alma a la riqueza espiritual, del temblor al triunfo.
  5. Yo preferiría enseñar a un hombre a orar que diez hombres a predicar.

Sobre evangelismo:

  1. Antes de que se ponga el sol, piensa en algún acto que lleve a la conversión de alguna persona y ejecútalo con todas tus fuerzas.
  2. No fuiste salvo para que vayas al cielo solo. Fuiste salvado para que lleves a otras personas allí contigo.
  3. Cuando yo deje de predicar la salvación por fe en Jesús, pónganme en un manicomio, porque pueden estar seguros de que mi mente se ha ido.

Sobre el carácter y la santidad:

  1. El cristiano es el hombre más contento en el mundo, pero es el menos contento con el mundo.
  2. Nunca, nunca, estamos en peligro de ser tan orgulloso como cuando creemos que somos humildes.
  3. Cada vez que escuche a un hombre que se alabe diciendo que es santo, recuerde que un buen perfume no necesita anunciarse.
  4. El orgullo es la red del diablo con la que él atrapa más peces que con ninguna otra, exceptuando la procrastinación.
  5. Nadie es más miserable que aquel que trata de preservar su imagen delante de los hombres, pero peca secretamente. 
  6. El que no es llamado primero a la santidad, jamás ha sido llamado por Dios al ministerio.
  7. No puede haber paz entre tú y Cristo mientras haya paz entre tú y el pecado.
  8. Si un hombre piensa mal de ti, no te enojes con él porque tú eres peor de lo que él piensa.
  9. La sinceridad hace a la menor de las personas más valiosa que el hipócrita más talentoso.
  10. Nadie está tan seguro como aquel quien Dios guarda; nadie está en tal peligro como aquel que se guarda a sí mismo.
  11. La moralidad puede mantenerte fuera de la cárcel, pero solo la sangre de Jesús puede mantenerte fuera del infierno.
  12. No existe un pecado que el cristiano no pueda vencer si descansa en Dios para vencerlo.
  13. Las ovejas pueden caer en el lodo, pero sólo los cerdos se revuelcan en él.
  14. Yo peco como un hombre, pero Él perdona como un Dios.

Sobre la fidelidad en el servicio:

  1. El que no sirve a Dios en donde se encuentra, no servirá a Dios en ninguna otra parte.
  2. Si no tienes la intención de servir a Cristo, por lo menos salte del camino y deja que los demás le sirvan.
  3. Quien le sirve a Dios por dinero, es capaz de servirle al diablo por un mejor salario.
  4. La obra solemne de la que el ministerio cristiano trata demanda el todo del hombre y lo mejor de él. Comprometerse con a medias es un insulto a Dios y al hombre.
  5. Nadie puede hacer tanto daño a la iglesia de Dios como el hombre que está dentro de sus paredes, pero no dentro de su vida.

Sobre la predicación:

  1. Si un hombre es capaz de predicar sermones sin Cristo, no te hagas daño a ti mismo escuchándolo.
  2. Donde la Biblia hace silencio, tú también haz silencio.
  3. Para tener un verdadero llamado al ministerio debe haber un irresistible y abrumador deseo y una fuerte necesidad de decirle a otros lo que Dios ha hecho en nuestras propias almas.
  4. ¿No hay Cristo en tu sermón, caballero? Entonces vete a casa y nunca prediques de nuevo hasta que tengas algo que valga la pena oír.
  5. Los sermones deberían estar llenos de la Biblia. Nuestras propias palabras son meras bolitas de papel comparadas con el disparo de rifle de la Palabra.
  6. El predicador que cubre mejor las necesidades del pueblo de Dios es aquel que ha sufrido en carne propia esas necesidades. El que ha necesitado consuelo, podrá consolar mejor al Israel de Dios.

Sobre nuestro discernimiento:

  1. Discernimiento no es saber la diferencia entre lo bueno y lo malo. Es saber la diferencia entre lo bueno y lo casi bueno.

Sobre la verdadera fe:

  1. Creer en la idea de un Dios es una cosa, pero creerle a Dios es otra muy diferente.

Sobre conocer a Cristo:

  1. Mientras más conozcas a Cristo, menos satisfecho estarás con vistas superficiales de Él.

Sobre la confirmación del llamado al ministerio:

  1. Debemos sentir: ¡ay de nosotros si no predicamos el evangelio! La Palabra de Dios debe ser para nosotros como fuego en nuestros huesos, de lo contrario, si entramos al ministerio, seremos infelices en él, seremos incapaces de soportar la autonegación que requiere, y seremos de poca utilidad a aquellos entre los que ministramos.

Una cita profética:

  1. Llegará un día en que en lugar de pastores alimentando a las ovejas habrá payasos entreteniendo a las cabras.

 

* 10 citas largas:

 

Sobre la oración:

  1. Cierto predicador cuyos sermones producían muchas conversiones recibió una revelación de Dios haciéndole saber que no eran sus sermones ni todo su trabajo lo que traía resultados, sino las oraciones de un hermano analfabeto que se sentaba en los escalones del púlpito suplicando por el éxito de los sermones. Lo mismo puede llegar a ocurrir con nosotros el día que se manifiesten todas las cosas. No es extraño que, después de trabajar fuerte y agobiantemente, todo el honor pertenezca a otro constructor cuyas oraciones eran de oro, plata y piedras preciosas, mientras nuestros sermones sin oración no eran más que paja y rastrojo.

Sobre evangelismo:

  1. ¿Quieres un argumento para ganar almas? Mira hacia el cielo y pregúntate cómo puede un pecador alcanzar la eternidad a menos que tenga a alguien que le hable de Jesús. Pero el mejor argumento se encuentra en las heridas de Jesús. ¿Quieres honrarlo? ¿Deseas colocar coronas sobre su cabeza? Eso lo puedes lograr ganando almas para Él. Este es el botín que Él desea más. Estos son los trofeos por los cuáles Él lucha. Estas son las joyas que serán su mejor ornamento.
  2. Si existiera tan sólo un hombre o una mujer que no amara al Salvador, y si esa persona viviera en lo salvaje de Liberia, y si fuera necesario que todos los millones de cristianos viajaran hasta allí y cada uno le rogara que se entregara a Jesús antes de que se convierta, valdría la pena todo el celo, la labor y los gastos. Si tuviéramos que testificarles a miles año tras año y nunca rescatar más que una sola alma, esa alma sería la recompensa completa por toda nuestra labor, porque un alma es de valor incalculable.
  3. Si los pecadores van camino a la perdición maldiciendo, al menos que tengan que saltar por encima de nuestros cuerpos para entrar al infierno. Y si perecen, que perezcan con nuestros brazos aferrados a sus rodillas, suplicándoles que se queden. Si el infierno debe llenarse, al menos que sea arrebatando a los perdidos de los dientes de nuestro esfuerzo y que ninguno se vaya sin advertencia ni oración.

Sobre la predicación:

  1. Ciertamente, Dios no ha creado al gigante para volar, y si el leviatán tuviera un fuerte deseo de volar con la alondra, esto sería evidentemente una aspiración poco aconsejable, ya que no está equipado con alas. Si un hombre es llamado a predicar, él será dotado con un grado de capacidad de hablar, capacidad que cultivará y desarrollará. Si el don de la palabra no está ahí en una primera medida, no es probable que llegue desarrollarse alguna vez.
  2. Esta no es de ninguna manera una ley que debería ser impuesta a todas las personas, pero aun así es una buena costumbre antigua en muchas de nuestras iglesias rurales que el joven que aspira al ministerio predique ante la iglesia. Difícilmente esto va a ser una prueba agradable para el joven aspirante, y en muchos casos será con mucha dificultad un ejercicio edificante para el pueblo, pero aun así puede probar ser una pieza de disciplina más saludable y salvaguardar la exposición pública de la ignorancia desenfrenada.

Sobre la unción:

  1. El misterio de la unción espiritual: La conocemos, pero no podemos decirles a otros qué es. La unción no es algo que puede fabricarse, y sus falsificaciones valen menos que nada. La unción no tiene precio y es totalmente necesaria si pretendemos edificar creyentes y traer pecadores a Cristo. El que predica reconoce su presencia y el que escucha advierte su ausencia.

Sobre el llamado al ministerio:

  1. Que cientos han perdido su camino y tropezaron con un púlpito es penosamente evidente en los ministerios infructuosos y en las iglesias en decadencia que nos rodean. Es una calamidad espantosa para un hombre perder su vocación, de igual modo para la iglesia sobre la cual se impone a sí mismo. Su error envuelve una aflicción de la más penosa naturaleza.
  2. ¡Oh, hermano mío! Asegúrate de trabajar en esto mientras aún estás en el proceso de preparación, y esfuérzate con diligencia por ser apto debido a tu elevada vocación. Tendrás suficientes pruebas, y ¡ay de ti si no avanzas armado de pies a cabeza con una armadura de la prueba! Tendrás que correr con los jinetes; no dejes que los hombres de a pie te cansen mientras estás en tus estudios preliminares. El diablo está fuera y con él están muchos. Pruébate a ti mismo y que el Señor te prepare para el crisol y el horno que seguramente te esperan.
  3. Me parece que cuando un hombre es apartado al ministerio, su comisión no tiene sello hasta que almas sean ganadas por medio de él para el conocimiento de Jesús. Si un hombre trabajó durante bastante tiempo sin ver ningún fruto, el llamado del hombre debería ser puesto en duda.

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