Antes de que la lámpara se apague

Antes de que la lámpara se apague

Antes de que la lámpara se apague

Mensaje de Max Barroso, representante internacional de EveryONE, a los pastores en la asamblea anual de la FPCE
21/02/2026
Aquí tienes el enlace del audio completo: 
Un profeta visitó España


Isaías 54:1-3
1Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová. 2Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. 3Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas.

Cuando el sonido comenzó a cambiar

Hace quince años trabajábamos con esperanza, aunque no veíamos resultados. Había fe. Había expectativa. Había una convicción interna de que Dios estaba obrando, incluso cuando no podíamos medir frutos.

Pero con el paso del tiempo, ese sonido comenzó a cambiar.

Las conversaciones alrededor de la mesa dejaron de estar llenas de expectativa y comenzaron a llenarse de cansancio. Sin darnos cuenta, nuestras palabras empezaron a reflejar una reducción en nuestra visión de Dios. Seguíamos sirviendo, sí. Seguíamos obedeciendo al llamado. Pero muchas veces ya no era desde la pasión, sino desde la obligación.

Y el Señor nos confronta hoy con una verdad firme:

“Yo no me he olvidado de ti. Yo no soy hombre para mentir.”

El problema no es la ausencia de promesa.
El problema es cuando la esperanza se transforma en resignación.

Regocíjate… cuando nada ha cambiado

En Isaías 54:1–4 encontramos una orden que parece ilógica:

“Regocíjate, oh estéril…”

¿Regocijarme cuándo?
¿Cuando todo está resuelto?
No.

Regocíjate en medio de la situación adversa.
Cuando aún no ha cambiado nada.
Cuando el vientre sigue cerrado.

Dios está diciendo: recupera el sonido de fe y de alabanza de tu juventud.

Como declara Oseas 2, vuelve a cantar como en los días de tu desposorio. Celebra lo que voy a hacer. No mires más atrás.

Nuestra fe es necesaria para la obra.
La promesa se cumplirá.

Pero si Dios va a traer hijos, prepara tu casa.
Prepárate para la multiplicación antes de verla.

La doble porción no sustituye la multiplicación

En 1 Samuel 1 encontramos a Ana.

Ella tenía una porción escogida. Tenía el amor de su esposo. Recibía doble porción. Pero el Señor había cerrado su vientre.

Y aquí está la tensión espiritual:
una doble porción no sustituye la trascendencia generacional.

Puedes tener estructura.
Puedes tener reconocimiento.
Puedes tener estabilidad.

Pero si hay esterilidad, no hay multiplicación.

No nos conformemos con la doble porción si el vientre está cerrado.

La atmósfera que provoca una generación

Ana no se resignó. Provocó una atmósfera.

No fue una atmósfera de queja pasiva. Fue una atmósfera de desesperación santa. De fe intensa. De determinación absoluta:
“No le voy a negar nada al Señor.”

Mientras hubiera Samueles por nacer, ella no se conformaría.

Cuando hizo voto, lo cumplió.
Cuando el milagro llegó, no retrocedió.
Cuando recibió al hijo, lo entregó.

Y en el momento en que lo entregó, la revelación comenzó a fluir.

En 1 Samuel 2:1, Ana comienza a profetizar acerca del Rey y del Ungido. Está viendo generaciones adelante.

Eso es lo que sucede cuando soltamos: la profecía se activa.

Antes de que la lámpara se apague

La Escritura nos dice que antes de que la lámpara se apagara y cuando los ojos de Elí comenzaban a oscurecerse, Samuel dormía en el templo, cerca del arca.

Era un momento crítico.
Una generación estaba por extinguirse.

Pero hay un principio eterno:
Antes de que la lámpara se apague, Dios siempre habla a una nueva generación.

Hoy el Espíritu del Señor se está derramando sobre la Generación Z. Hay movimientos de adoración continua. Hay despertares en distintas ciudades y naciones. Dios está soplando sobre jóvenes que no quieren tradición sin presencia.

La pregunta es directa:
¿Qué atmósfera estamos creando nosotros?

Padres espirituales que sueltan


Los padres espirituales debemos proteger y guiar, como Elí acompañó a Samuel cuando aprendió a discernir la voz de Dios.

Debemos decirles:

“Vuelve a la presencia. Deja que Él te hable de lo que has de hacer.”

No podemos mantenerlos encerrados en nuestra casa —es decir, en nuestro modelo, en nuestra estructura, en nuestro ministerio—. Debemos entregarlos para que sirvan al Señor en todas las esferas.

Ana abrió su mano.
¿La abriremos nosotros?

Romper con la tradición para cumplir el propósito


En Lucas 1 encontramos otro ejemplo poderoso.

Zacarías y Elisabet eran estériles y avanzados en edad. En el lugar santo, el ángel anuncia un hijo. Y cuando nace, rompen con la tradición familiar y declaran:

“Se llamará Juan.”

No perpetúan el nombre del padre.
No aseguran el legado familiar.
Declaran el propósito divino.

Cuando Zacarías suelta el nombre, su lengua también se suelta y comienza a profetizar.

Zacarías vestía como sacerdote.
Juan vestiría pelo de camello.

Uno representaba el templo.
El otro, la voz que clama en el desierto.

Pero el padre le dio espacio al hijo.
Dio lugar a lo nuevo.

Si no soltamos, no veremos profecía fluir.

Ensancha tu tienda


Isaías 54 concluye con una declaración estremecedora:

“Te extenderás a derecha y a izquierda; tu descendencia heredará naciones y habitará ciudades asoladas.”

Esto no es solo para nosotros.
Es para nuestros hijos.
Para los Samueles.
Para los Juanes.

Pero depende de que no nos conformemos con nuestro pequeño éxito mientras haya una generación esperando nacer.

Depende de que celebremos antes de ver.
Depende de que ensanchemos la tienda antes de que lleguen.

El Señor le dice hoy a la Iglesia que se siente estéril:

Celebra.
Ensánchate.
Alarga tus cuerdas.
Refuerza tus estacas.
No seas escasa.

Recuperemos el sonido correcto


No queremos vivir de historias pasadas.
Queremos ver a la Iglesia haciendo historia ahora.

Recuperemos el sonido correcto.
No el sonido de la resignación.
Sino el sonido de fe.

Porque antes de que la lámpara se apague,
Dios ya está hablando a una generación.

En el nombre de Jesús.
Amén.

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