Oro por ti, hermano mío,
porque sé que eres oro
y como oro serás refinado,
mas el horno no destruye oro,
por eso oro.
Que sea la impureza y lo de Adán
lo que se consuma
(solo tu caída humanidad)
y el oro de Cristo resplandezca…
con ese sentir yo oro.
Y si por orar
ya no me atrevo a llamarte
hermano, sino amigo
(amigo hay más cerca que hermano),
el orar me ha hecho amar.
Recuerda lo de la sal:
“tened sal en vosotros”,
dijo el Maestro;
pero, para ser sal, ¡sal!
sal de tinieblas y basureros.
Sal de basura moral
(me refiero) y sé sal,
lleno del Espíritu Eterno,
amando con gracia
y de leudados “amores”, tú sal.
¿No oyes al que llama,
no sientes su llama,
que su voz te hace arder
y de llamar no se cansa,
pues te quiere con Él?
También Belcebú toca y llama,
a patadas se quiere meter,
apestosa su llama,
destructivo su fuego,
he visto a llamados caer.
¡Vela! Tú que eres oro, ¡ora!
no te creas fuerte en tu fuerza;
escóndete en santidad
y tu vela poderosa
la tormenta no apagará…
Como faro tiene impacto
con pequeña luz
en océano basto
(con Dios me río y me basto)
tu victoria celebraré.
Juan Carlos P. Valero
Murcia - Junio 2026
Murcia - Junio 2026

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