Soliloquios #14

Soliloquios #14

La defensa de nuestras familias en la era poscovid

Y enviaré avispas delante de ti para que echen fuera al heveo, al cananeo y al hitita de delante de ti.
Éxodo 23:28

En la casa donde actualmente vivimos hay una piscina (o pileta) de comunidad, de las que usan varios vecinos. El caso es que cuando vas a bañarte tienes que compartir la piscina (o alberca, como la llaman en México), con las avispas. Esos inquietantes insectos se quedan a remojo en el agua y así soportan mejor el calor extremo de esta zona mediterránea. A mis hijos, que no son tan pequeños (13, 16, 18 y 20 años), les da un poco de miedo el meterse al agua rodeados de avispas, y yo les digo que las intrusas están tranquilas en el agua y que no deben preocuparse. Efectivamente, así es; nos llevamos bastante bien con los bíblicos insectos (Ex. 23:28; Dt. 7:20; Jos. 24:12). Bastante bien, en el contexto de la piscina; pero el otro día sufrimos un ataque.

Estábamos dando un paseo Vanessa y yo, con los dos hijos menores. Nosotros andábamos, mientras que Rubén y Caleb iban en bicicleta. Ellos se adelantaron unos doscientos metros y los perdimos de vista, aunque nos esperaban sentados en un banco de madera. De pronto, aparecen corriendo, con cara desencajada y cojeando... sin las bicis; al acercarse a nosotros nos gritan, tocando sus piernas en gesto de dolor: “¡Nos han atacado un montón de avispas!”, dice Rubén. “¡Y nos han perseguido!”, añade Caleb.

Su madre y yo, que los conocemos bien, respondimos que dejaran de dramatizar y que no era para tanto. “¿Dónde están las bicicletas?”, les pregunta Vanessa. “¿Y el teléfono y la mochila?”, caigo en la cuenta yo también. Por toda respuesta nos mostraron los cuatro o cinco picotazos que llevaban cada uno, en las pantorrillas, y nos invitaron a ir nosotros a recuperar todo aquello que habían dejado en el banco, si es que éramos tan valientes.

Yo, padre protector y defensor (aquí iría un emoticono de sonrisa cómplice, si fuese un WhatsApp lo que escribo), yo (repito) salí corriendo para que nadie robara las bicicletas, el smartphone y la mochila y, cien metros más adelante, lo pude ver todo: las bicicletas apoyadas en el respaldo del banco; teléfono y mochila sobre el asiento de madera. Gracias a Dios, nadie lo había hecho desaparecer. ¡Ni hubiese podido! En cuanto me acerqué al banco tres docenas de avispas furiosas me atacaron sin misericordia; me persiguieron diez o quince zancadas; y me hicieron llegar corriendo (por los pelos, sin picaduras) a donde estaba mi esposa y mis chicos. Ellos habían seguido andando por el camino y cuando me vieron aparecer, ya no como macho alfa sino como gallina a la carrera, no pudieron evitar reírse de mí.

Ya habrás descubierto lo que sucedía con el banco de madera... Ni más ni menos que un par de avisperos, bien poblados, se fijaban al asiento, por debajo, justo donde se habían sentado mis hijos. Las avispas los habían atacado en legítima defensa de su morada. ¿Dónde habían mordido o picado? (para los que no lo sabéis, las avispas pueden morder y también picar e inyectar veneno sin perder su aguijón; mucho más noble es la abeja, que una vez que hinca el aguijón lo pierde y es inofensiva; la avispa sigue conservando su capacidad de morder y picar tras el primer ataque, las veces que haga falta; ¡con razón Dios usó avispas y no abejas contra los cananeos!). ¿Dónde habían picado o mordido a Rubén y a Caleb? En las pantorrillas, lógicamente.

Sigo con la parábola de las avispas (aquí iría otro emoticono, si no se tratase de un artículo para Evangélico Digital...). ¿Quién era el guapo que rescataba las bicis, la mochila y el smartphone? Parados a distancia prudencial, hicimos un estudio de la situación. Eran cuatro cosas las que había que rescatar; éramos cuatro los rescatadores; yo les propuse una carrera frenética, agarrar cada uno algo y seguir corriendo, pidiendo al Señor las menos picaduras posibles. Vanessa comenzó a reírse: “De eso nada, cariño. El hombre eres tú...”. Lo de la igualdad entre géneros desapareció ipso facto. Y Rubén y Caleb me volvieron a mostrar sus picadoras, rojas ya, y dijeron: “Ni hablar, papá”. Y el otro: “Yo no pienso volver a acercarme a ese banco”.

¿Dónde está Spiderman o Supermán cuando se les necesita? Tampoco un cuñado cerca, para hacer juntos la proeza. En fin... Oré para mis adentros y, cual ave que caza al vuelo, tuve que hacer sendas aproximaciones al banco para recuperar lo que era nuestro. En la última, la del iPhone 8, acabé por el suelo, magullados el teléfono y yo, pero con la satisfacción (vaya un ridículo hice), de haber escapado del banco/avispero sin picaduras ni mordeduras. ¡Vaya historia, con las avispas! ¡Qué tranquilas en la piscina! (pileta, alberca... usted ya me entiende), pero ¡qué feroces para defender su casa!

Y aquí va la aplicación... Debemos convivir con todo lo de este mundo lo mejor que podamos. Al fin y al cabo, nosotros somos los intrusos aquí, como las avispas en nuestra piscina. Pertenecemos a otro reino, a otro mundo, a otro sistema. Y es lógico que, a veces, incomodemos a la gente, porque nos ven raros o peligrosos o, simplemente, invadiendo sus espacios. Pero debemos estar en paz, en medio de la sociedad, como hijos de Dios que llevan concordia y reconciliación, y que servimos a los hombres continuamente. Además, nuestro paso por esta Tierra es duro de por sí y, con la ayuda del Señor, hemos de desarrollar la habilidad de disfrutar del viaje lo mejor que podamos.

Sin embargo, cuando se trata de nuestro nido, nuestra familia, nuestro hogar, debemos ser fieros y contundentes. Lo de “mansos como palomas y astutos como serpientes”... No podemos dejar que destruyan lo que con tanto esfuerzo hemos construido; y no me refiero a edificios, casas o bienes materiales. Formar una familia es duro. Salvaguardar nuestros matrimonios de tantas presiones y sinsabores es un arte. Y criar hijos para el reino, en tiempos tan confusos como estos, es todo un trabajo que requiere esfuerzo y dedicación. Aprendamos de las avispas: a saber atacar y defender lo nuestro y a los nuestros, llegado el caso.

En el último informe de Qustodio, llamado ‘Conectados Más Que Nunca’ (interesantísimo, por cierto, tanto que ha sido empleado por el New York Times para analizar las tendencias y perspectivas 2019-2020 sobre los hábitos digitales, y los efectos de la Covid-19), los expertos hablan de los gigantes mediáticos y su influencia en nuestros hijos. Son gigantes, como lo parecemos nosotros para las avispas de mi anécdota. Y se instalan cómodamente en nuestra casa, con el beneplácito de todos los miembros de la familia. Pero suponen un peligro real para nuestra salud y bienestar. Hemos de ser conscientes de esto.

Nosotros, como padres, y en la medida en la que los instruyamos, nuestros hijos también, debemos sacar los aguijones (hasta usar nuestra dentadura, si es necesario, para morder) y picar a todos los contenidos que traen malos hábitos y contaminaciones, y que nos quiere imponer don Facebook, doña Instagram, TikTok, YouTube, Netflix, los videojuegos y el largo etcétera de medios y redes sociales que, a través de Internet, se nos han sentado encima. Con la misma ferocidad con la que las avispas atacaron a los cananeos, deberíamos nosotros reaccionar ante los intentos de manipulación o las adicciones que provocan estas grandes plataformas de entretenimiento y comunicación.

Los datos que nos dejan los estudios de la tendencia de consumo actuales son alarmantes. Por cierto, se han disparado con la llegada de la pandemia. En este otro artículo os comparto con más detalle el problema y las soluciones que se nos plantean: Proteger nuestra familia de la hiperconectividad.

A modo de ejemplo, algunas de esas cifras preocupantes:

En la actualidad, los niños pasan la friolera de 85 minutos al día en YouTube. En EE. UU., la media es de 100 minutos al día. TikTok se ha convertido en la reina indiscutible de las redes sociales. De media, los niños pasan ahora 80 minutos al día en TikTok. Los niños solo desconectan de las redes sociales en las horas de sueño, invadiendo el horario escolar que había actuado como un amortiguador antes de los cierres de las escuelas por la Covid-19. Los niños pasan aproximadamente 1 hora al día jugando a videojuegos. Al igual que las redes sociales, el uso de los videojuegos ocupa ahora buena parte del horario escolar, que antes del confinamiento permitía a los niños desconectar del mundo digital.

Una de las cosas que me ha llamado la atención, además de esa cantidad de tiempo que pasan los niños y jóvenes frente a una pantalla, en Internet, y de que muchos padres caen en la tentación de usar los dispositivos como chupetes o nanas electrónicas, es que todo está diseñado para crear adicción. No solo los videojuegos, también YouTube, Facebook, Instagram, TikTok...

No pretendo demonizar a las nuevas tecnologías, redes sociales o medios de comunicación digitales. Lo que digo es que si no comprendemos todos los peligros asociados a ellos, así como la voraz industria y los intereses que operan soterradamente, podemos ser muy vulnerables o fácilmente manipulables.

Solo por hablar de YouTube y su efecto hipnótico, Guillaume Chaslot, un exingeniero de software de Google, nos aclara: «no parece que el algoritmo de YouTube priorice los contenidos veraces, imparciales o saludables para la democracia». Aparentemente, su principal propósito es maximizar el tiempo que los usuarios pasan en la plataforma.

Para Manuel Bruscas (1) el algoritmo de YouTube no solo es adictivo, sino que puedes empezar viendo un contenido que buscabas y acabar en vídeos que sean poco apropiados para un sano entretenimiento o formación. El experto pone balance a sus objeciones diciendo que no cree “que YouTube sea totalmente perjudicial para sus usuarios; también proporciona unas oportunidades fantásticas para divertirse y aprender... pero, por desgracia, se ha convertido en un cajón de sastre en el que tienen cabida todo tipo de contenidos”. Y, no solo como profesional, sino como padre interesado en el bienestar de sus hijos, añade: “Más del 70% del tiempo que los usuarios pasan consumiendo vídeos en YouTube obedece a recomendaciones algorítmicas . Teniendo en cuenta la cantidad absurda de tiempo que dedicamos a YouTube, no podemos ignorar los riesgos asociados a su uso".

La conclusión a la que llega el informe de Qustodio es que el hecho de que nuestros hijos sean nativos digitales no significa que sean expertos digitales y que puedan desenvolverse por sí solos en el mundo digital. Es nuestra obligación como educadores y padres hacer todo lo que esté en nuestra mano para protegerlos y ayudarles. En cuanto a padres y madres, es fundamental que dediquemos más tiempo a poder entender la tecnología que utilizan nuestros hijos y que tomemos en serio las amenazas online.

El Señor no va a mandar avispas a defender nuestras familias. Los protectores de nuestros hijos somos sus padres; los guardianes del bienestar de nuestro hogar somos cada uno de nosotros. Debemos hacer un esfuerzo mayor en la era poscovid y pedir a Dios la sabiduría y contundencia necesarias para que esos gigantes digitales lo tengan muy difícil en cuanto a afectar a nuestras familias.

(1) Manuel Bruscas es el vicepresidente de Producto de Qustodio y dirige la estrategia que nos permite garantizar a las familias seguridad y bienestar digital.

Comentarios

  1. ¡¡¡¡Gran verdad, a la hora de defender a nuestra familia debemos sacar todo el arsenal que tengamos, empezando por el clamor a nuestro Padre!!!!!

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  2. Que Dios nos llene de sabiduría como padres,nos enseñe estrategias para atacar y defender nuestro nido.

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  3. Wuau!!jajaja.. Que buena experiencia!!!
    Haz transferido un montón de recuerdos..
    Y claro que lo mundo digital quiere robar esos principios y valores.. son muchas las opiniones pero alcanzo a decir una cosa, la escala de volores esta regida por cada cabeza de hogar... y la familia es el mayor de todos los valores para Dios..
    Muchas gracias por compartir
    Un saludo..

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  4. Es más que cierto. No pertenecemos a esta sociedad. Somos intrusos ah

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  5. La verdad nos hará libres, si y Amen.

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  6. Me ha encantado cómo has comparado las abejas como intrusos al igual que nosotros en este mundo...me he tenido que reír solo pensando en la situación que vivisteis con las abejas un show jajaja.
    Que Dios nos ayude a ser esos padres valientes y fuertes para este tiempo.

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  7. Me ha encantado cómo has comparado las abejas como intrusos al igual que nosotros en este mundo...me he tenido que reír solo pensando en la situación que vivisteis con las abejas un show jajaja.
    Que Dios nos ayude a ser esos padres valientes y fuertes para este tiempo.

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  8. Excelente pastor. Me reí con la anécdota familiar y las avispas jejeje. Pero es un sentir de parte de Dios que también me ha estado inquietando en cuanto al consumo de tecnología debido a la cuarentena que antes no era ni la cuarta parte, que mis niños a parte de ir a la escuela, estaban en música dos horas en la tarde y dos horas de deporte más las tareas escolares y actividades en la congregación, en fin no había tiempo ni para ver tv salvo el fin de semana. Entonces ahora estamos llamados y somos los padres los responsables de cuidar a nuestros hijos y no caer en estos excesos que de una u otra forma pueden traer consecuencias negativas. Todo nos es lícito pero no todo conviene ni nos podemos dejar dominar de ninguna de ellas como dice la Palabra de Dios. Saludos y muchas bendiciones. Con amor desde Venezuela. La familia Sebastia Bello.

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  9. Me reí con lo que habéis pasado con las vispas jaja,me has hecho recordar algunos pasajes de mi infancia.
    Hoy cuando hablava con Dios,le decia esto de que antiguamente no tenía esta tecnologia de hoy..
    El tiempo pasó y Dios sigue lo mismo..obrando..haciendo milagros..pero las personas cambiaron,el amor de muchos se ha enfriado.
    Pero, sigamos con fe pediendo a Dios sabiduria..para que sepamos cuidar de nuestras familias de nuestros hogares.
    Un saludo y bendiciones

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