Cuento 2: Pregunta a Los Arcanos

Pregúntaselo a Los Arcanos

Un cuento que es la segunda entrega de Después del Resplandor, y que sucede a Queridos hermanos suscriptores. Situado en el año 2071, donde los creyentes son suscriptores y el gobierno de Los Arcanos ejerce un poder omnímodo.


CUENTO: PREGUNTA A LOS ARCANOS

-Pregunta a Los Arcanos, desde mañana lunes cualquier suscriptor del programa Lealtad del gobierno podrá hacer toda clase de preguntas a Los Arcanos. Preguntas que se comprometen a contestar poco a poco en una sección de Todos somos Nación, su aparición diaria en Univernet. Recuerda suscribirte a Lealtad para esta y otras ventajas...


La bella presentadora, en holograma 7D, siguió con las noticias del día, siendo interrumpida cada diez minutos por anuncios de modernos kits de oxígeno, nuevas experiencias lúdicas en las diademas de realidad mejorada, implantes trashumanos para ampliar capacidades o reinicios del sistema mental en un nuevo cuerpo poshumano, solo al alcance de unos pocos.

Desde hacía tres o cuatro décadas era muy difícil distinguir entre la publicidad y las noticias; todo era más o menos lo mismo, las nuevas tecnologías al servicio del poder.

Isaac y Ágata aún recordaban el tiempo cuando se veían noticias en una pantalla y si aparecía algún anuncio uno lo podía saltar. Ahora, con lo que más se disfrutaba era con los comerciales, por dos razones: los hologramas 7D llenaban la casa de olores, imágenes hiperreales, sonido envolvente, personajes que se movían e interactuaban con el suscriptor y lo único que no podían hacer era tocar a las familias; por otra parte, había algo de honestidad en la publicidad que ya no se podía reconocer en las noticias o los programas de actualidad. En los comerciales querían vender algo, era asumible; en los informativos, las tertulias, las series, películas o las apariciones de Los Arcanos también vendían; vendían una visión del mundo, su cosmovisión, pero Isaac y Ágata nunca la habían comprado, y mucho menos lo iban a hacer ahora.


-Ciérralo, Isaac. No van a decir nada. Como siempre –dijo Ágata resignada y levantándose del sillón fue a la cocina para comenzar a preparar la comida.

-Fuera holograma -ordenó Isaac lacónicamente y la imagen se recogió en un instante en el multihologram de la mesita.

Había pasado una semana desde que Óscar, su único hijo, les había confesado que su prometida, con la que llevaba cinco años de relación, era poshumana.

Isaac se sentía como dentro de una pesadilla. Ágata, por su parte, había echado mano de toda su paciencia y sabiduría para calmar a su esposo y ayudarle a asimilarlo, a la vez que ella misma lloraba la decisión de su hijo en la soledad de la noche, cuando estaba segura de que Isaac estaría bien dormido.

A pesar de que ambos estaban cerca de la jubilación (solo les faltaba siete años), el peso de haber soplado setenta y tres velas parecía cada vez más agobiante. Trabajaban, como muchos, en las fábricas del gobierno. Ellos, en concreto, formaban parte de la Sección Quinta, encargada de la supervisión del óptimo funcionamiento de las diademas, que se producían en su fábrica para toda la región meridional de la República.

Estar en la Sección Quinta de cualquier industria era equivalente a tener más de setenta años o a estar beneficiándose de algún trato de favor de los encargados. Solo trabajaban ocho horas diarias, seis días a la semana, y no se les exigía el uso de potenciadores, las drogas suministradas para ampliar el rendimiento, ni debían trashumanizarse; eso era opcional.

Sin embargo, probar entre veinte y cuarenta diademas diarias, encerrados en una habitación y empleando a fondo todos los sentidos los dejaba agotados.

Su único día de descanso era el domingo. Lo habían solicitado así para poderse reunir en su congregación por ondas. Pero aquel domingo, 21 de julio de 2071, a las nueve de la mañana, cuando ambos estaban listos para conectarse a las diademas, el crystal de Ágata se iluminó y apareció este texto:

Tocad trompeta en Sion,
y sonad alarma en mi santo monte.
Tiemblen todos los habitantes de la tierra,
porque viene el día del Señor,
porque está cercano;
día de tinieblas y lobreguez,
día nublado y de densa oscuridad.
Como la aurora sobre los montes, se extiende
un pueblo grande y poderoso;
nunca ha habido nada semejante a él,
ni tampoco lo habrá después
por años de muchas generaciones.
La Biblia: Joel 2:1-2.


Cuando Isaac y Ágata lo terminaron de leer el corazón les dio un vuelco. Isaac corrió a buscar su crystal en la habitación y comprobó que tenía el mismo pasaje en la pantalla del aparato, y cuando, por fin, se ciñeron las diademas para entrar a su iglesia, lo único que pudieron ver a través de las ondas que estimulaban sus cerebros era un escueto mensaje similar al de la semana pasada:


Queridos suscriptores, sentimos comunicar que por problemas técnicos en este día no habrá reunión.


En más de treinta años como creyentes no habían visto algo así. De manera que habían acudido a su multihologram para comprobar si Univernet daba alguna información. Tras un par de horas de noticias, propaganda y publicidad, nada de nada.

-Ágata, algo extraño está sucediendo –dijo Isaac, paseando nervioso por el salón mientras que Ágata cortaba verduras y ponía agua a hervir en la cocina contigua.

Podían verse a través de un amplio ventanal que unía las dos estancias. El rostro de Ágata era severo, sumamente absorta en lo que hacía, no porque requiriese concentración (podría cocinar un asado casi sin pensar en ello), más bien intentaba ahuyentar los recuerdos que inundaban su mente.

-¡Joel es un libro prohibido, Ágata! -proseguía Isaac con vehemencia- ¡No es de Summa Biblia! Precisamente su tono enjuiciador y escatológico provocó la censura de Los Arcanos. Pero ¡mira! -dijo Isaac, corriendo por el pasillo en busca de su vieja Biblia.

-Baja la voz, Isaac, por favor. No te alteres con...

-¡Aquí está! ¡En mi Biblia sesasenia! Joel dos... Alguien ha mandado este texto a los crystales y no han sido Los Arcanos. Mira lo que dice Joel, dos: “Tocad trompeta en Sion, y sonad alarma en”...

-¡Ya, ya! ¡Lo he leído contigo!

Ágata dejó el cuchillo en el poyete, secó sus manos en el delantal torpemente, y regresó al salón levantando el brazo en señal de que se detuviera.

-¡Calla, Isaac! No la leas en voz alta. -Y ahora, sin poder evitar que el llanto se mezclara con su ruego-. Dejemos que ellos sigan con la lucha y finjamos que no hemos visto ese mensaje.

-¡Pero, Ágata!


Isaac abrazó a su cansada esposa y ella, en la seguridad de sus brazos, permitió que su corazón vaciara la tensión que llevaba una semana acumulando.

-Ya está, cariño. Todo va a estar bien. Dios está con nosotros... Tranquila –dijo Isaac suavemente, apretando a Ágata contra su pecho. La ayudó a sentarse en una silla y él se sentó en otra para poder mirarse a los ojos.

-Lo de Jorge... Después Noa... La decisión de tu hijo... Siempre soñé con tener un nieto de nuestra propia sangre... -Las palabras se ahogaron antes de que Ágata terminase de pronunciarlas y cubrió su cara con las manos en un intento de contener más lágrimas.

-Tranquila, mi amor, tranquila.

Isaac tomó las manos de Ágata, gastadas por lustros en la fábrica y, después de besarlas, enjugó sus mejillas, reparando en el hecho de que las ojeras y las arrugas, más pronunciadas de lo habitual, indicaban el desvelo de su esposa desde el domingo pasado.

-Nuestro hijo se ha enamorado de una poshumana, es cierto, pero hasta que no se casen no pierdas la esperanza de poder ser abuela. Quizás...

-¡Isaac! ¡Hemos hablado con Óscar! Son cinco años con Noa, la quiere, ya han hecho su primera entrevista para el permiso de paternidad, no podemos rechazarla.

Ágata dejó de llorar y buscó el asentimiento en los ojos de Isaac.

-Sí, cariño. Lo vamos a intentar. Por eso hoy vienen a comer... Para poder conocer a una humana en cuerpo de máquina.

-¿De máquina? ¡Isaac! -protestó Ágata.

-De robot... Perdona... Poshumana. No niego sus derechos ni su dignidad ni nada de eso... Únicamente me pregunto... -Isaac no se atrevía a decirlo.

-Ya... -lo ayudó Ágata-. Imagino lo que te preguntas. Si los robots tienen alma.

-No, cariño. Sé que los robots no la tienen. Pero, un humano que traspasa su mente a un cuerpo poshumano, ¿es hombre o es máquina? ¿Sigue teniendo alma conectada a su mente? ¿Posee espíritu donde pueda morar el Espíritu Santo?

-Óscar cree que sí, cariño...

-Pero mira, Ágata, lo dice aquí. -Isaac posó la mano en su Biblia, que yacía en la mesa del salón, cómplice de las dudas del viejo cristiano-. Lo dice en Santiago: “el cuerpo sin espíritu está muerto”.


-¿Pero el espíritu sin cuerpo, papá? ¿También está muerto?


Ágata e Isaac dieron un grito del pasmo y se volvieron para ver a Óscar, con Noa a su lado, quienes habían entrado sin percatarse el matrimonio.

-¡Hijo! ¡Perdona! -dijo Isaac avergonzado- Perdón, Noa.

Noa estaba agarrada de la mano de Óscar y un poco detrás de él, escudando en su prometido lo embarazoso de la situación.

-No se preocupe, don Isaac -concedió Noa.

-No pretendíamos ofenderte, Noa -añadió Ágata, y dirigiéndose a Óscar-. Hijo, es... Es complicado para nosotros...

-Tranquila, mamá. Lo entendemos.

Óscar y Noa ocuparon las otras dos sillas vacantes en la mesa, justo enfrente de Isaac y Ágata, y Óscar se quitó la mascarilla de oxígeno. Noa no la necesitaba.

-Va más allá de cualquier escenario que los escritores de la Biblia hubieran podido prever, como para escribirnos con claridad de estas cosas -arguyó Óscar.

-Pero, hijo, es el libro eterno. El consejo de Dios para el hombre de todos los tiempos -sentenció Isaac con voz quebrada.

-Así lo creo, papá. Por eso, cuando Noa y yo pasamos de ser amigos a enamorarnos, yo también le pedí un tiempo a ella para analizar el futuro de nuestra relación.

Noa agachaba la cabeza, como si fuese una delincuente que está siendo juzgada, por lo que Ágata extendió su mano y apretó con cariño la de Noa, dejándole saber que, así como la habían aceptado antes lo harían ahora.

-“El cuerpo sin el espíritu está muerto”, dice Santiago dos, veintiséis -continuaba Óscar-. Pero la mente en un nuevo cuerpo, ¿está muerta? ¿deja de tener alma? ¿Puede estar el espíritu en un nuevo cuerpo? Primera de Corintios, capítulo quince, dice que sí; que habrá un nuevo cuerpo para nuestros espíritus; allá en el cielo. ¿Pero qué sucede si el cambio de cuerpo se produce aquí, en la Tierra? ¿Y si el cuerpo es robótico y no de carne y hueso?
-¿Y qué piensas, hijo? -preguntó Ágata nerviosa - ¿O qué te ha enseñado la Palabra?


-Transfiguración -dijo Óscar solemnemente.

-¿Transfiguración? -repitió Isaac perplejo.


Noa levantó su rostro con una tímida alegría que iluminaba sus ojos y miró a Óscar de una forma que estremeció a Isaac y a Ágata.

-Transfiguración, papá. Cuando Jesús se transfiguró en el monte tenía la gloria del cuerpo celestial, aunque estaba en la tierra. Pero seguía siendo Jesús -explicó Óscar-. Aunque Noa haya cambiado de cuerpo, y nos guste más o menos la gloria del cuerpo actual, sin embargo, sigue siendo Noa, la mujer de la que me he enamorado y con la que quiero formar una familia.

Isaac y Ágata se quedaron sin palabras y solo pudieron presenciar, con el rubor de aquel que parece que está viendo algo íntimo y al mismo tiempo santo, cómo los dos prometidos se besaban.

En ese momento los crystales de Isaac y Ágata volvieron a iluminarse. Era un nuevo pasaje.

Cercano está el gran día del Señor,
cercano y muy próximo.
El clamor del día del Señor es amargo;
allí gritará el guerrero.
Día de ira aquel día,
día de congoja y de angustia,
día de destrucción y desolación,
día de tinieblas y lobreguez,
día nublado y de densa oscuridad,
día de trompeta y grito de guerra
contra las ciudades fortificadas
y contra los torreones de las esquinas.
La Biblia: Sofonías 1:14-16.

No se atrevieron a leerlo en voz alta. Isaac le dio su crystal a Óscar para que él y Noa lo leyeran.


-¿Esto que es, papá? -preguntó Óscar.

-Es de la Biblia hijo. Sofonías. Uno de los profetas menores que prohibieron en la versión Summa.

-¿Y cómo es que aparece en vuestros crystales? -dijo Noa extrañada.

-No lo sabemos -respondió Ágata-. Es el segundo mensaje esta mañana. El primero ha sido el de Joel. También un libro censurado.

Óscar se levantó de la mesa inquieto por el hecho de que en crystales homologados por Los Arcanos aparecieran, como por arte de magia, pasajes prohibidos de la Biblia sesasenia. Recorrió con la mirada el salón, en busca de cualquier nanorobot espía en forma de insecto, camuflado en la decoración o como una simple marca en la pared.

Isaac se le unió en la sospecha y fue a la cocina a escudriñar.

-¡Mamá, Noa! -dijo Óscar en una orden atenazada por el miedo-. Ayudadnos a revisar la casa.

Después de unos quince minutos de rápida inspección se sintieron más tranquilos y volvieron a la mesa.

-Hoy no hemos tenido reunión -dijo Ágata-. Las diademas nos decían que era un problema técnico.

-¡Mis padres tampoco han tenido servicio hoy, en su iglesia! -explicó Noa intrigada-. Les decía lo mismo. Que había algún problema en el sistema.

-¿Y recibieron algún mensaje en sus crystales? -inquirió Isaac.

-No. Eso sí que no. Estuvimos con ellos en la casa y no les llegó nada –dijo Óscar-. Estoy seguro.


Isaac frunció el ceño y puso su mano de nuevo en la Biblia, como pidiendo secretamente algún tipo de luz o revelación. Después de un par de minutos de silencio incómodo Isaac comenzó a decir:

-Alguien se está comunicando con nosotros. -Movía la cabeza hacia arriba y hacia abajo en gesto de convicción ante sus propias palabras-. Indudablemente... Nos quieren decir algo... Y están usando pasajes bíblicos prohibidos para hacerlo.


Continuará.




Juan Carlos P. Valero.

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