Soliloquios #29

El papa-pastor

El papa-pastor

El papa-pastor es una especie en extinción de la fauna evangélica que pretendo describir en breves líneas.
Suele habitar en humedales de fe y en estepas de esperanza. Ha llegado a ser papa-pastor con sacrificio, carisma, esmero y enfoque. Enfoque que puede rayar en la obsesión.

En su guarida, probablemente, encontrarás una gran mesa color caoba, diplomas en las paredes y una o más secretarias.

El papa-pastor se distingue de otros especímenes por su boca. Le encanta parlotear, recordando a otros cómo ha llegado allí, contar anécdotas de sus viajes y logros, dar lecciones solemnes y presumir de su agenda rebosante.

La papa-iglesia, que se convierte en la manada del papa-pastor, tiene en el centro la madriguera del líder, pues todo gira en torno al líder y nada pasa sin su venia y dirección. En la manada no crecen pastores verdaderos, salvo raras excepciones; cuando florece algún miembro debe quedarse como líder de medio pelo; de lo contrario, si se convierte en amenaza para el papa-pastor, habrá de buscarse otra manada o disputar el mando al papa-pastor; y, si logra vencerle, será un nuevo y peor cabecilla; pero lo más frecuente es que fundará su propia manada en la que él brillará como el papa-pastor (nunca hay lugar para dos astros en el mismo sistema solar). Por cierto, las mama-pastoras no son tan comunes en la fauna evangélica, aunque se las encuentra también en ciertas latitudes.

Otra cosa que les encanta a los papa-pastores, y por lo que se les puede cazar fácilmente, es el afán de dinero y propiedades. Se sabe de casos en los que un espécimen ha dejado de enfocarse en hacer crecer su manada y ha comenzado a perseguir el lucro por encima del volumen de miembros. Casi siempre este fenómeno se ha dado en manadas en las que el ego del líder se ha vuelto monstruoso. Algo que pocos miembros perciben ya que el papa-pastor luce una imagen con cierto atractivo y despliega una personalidad que ejerce poder magnético, cuanto no hipnótico.

No nos engañemos, existen papa-pastores que al principio fueron pastores genuinos y que contaron con el respaldo y agrado de Dios. Su transformación en papa-pastor se produjo de forma completamente inconsciente y, a menudo, involuntaria. Aunque alertados por amigos, hermanos o familiares no fueron capaces de escuchar las advertencias sobre cómo estaban cambiando y acerca de los peligros del cambio. Entre otras cosas, porque al comienzo de la metamorfosis al papa-pastor se le cierra el oído selectivamente: les da por oír a otros papa-pastores veteranos o al creciente coro de admiradores y aduladores, pero ya no oyen claramente al Espíritu Santo ni a otros pastores ni a los que ellos empiezan a catalogar como “envidiosos”, “contradictores” o “los que han perdido la visión”. Además, cambia su capacidad de ver. La vista se vuelve selectiva al igual que el oído; se enfoca fanáticamente en resultados, alabanzas y placeres, y no percibe que aquel medio ambiente en el que reside su manada hace tiempo que se está secando, y lo que antes era un Edén cada vez se parece más a un yermo.

Si quieres poner furioso a un papa-pastor (algo poco recomendable) debes aprenderte su nombre de memoria y en lugar de decirle “doctor”, “pastor”, “apóstol” o “reverendo” llamarle siempre por su nombre. El peligro de envestida es mayor si le dices “hermano”. “¿Cómo estás, hermano?”, “Buenos días, hermano”, “¿Qué tal la semana, hermano?” y verás cómo su rostro cambia de color y su mirada se hace más penetrante. En algunos casos comenzarás a ser conocido como ‘rebelde’ en el seno de la manada; en otros, se te puntualizará que estás hablando con el apóstol/líder/fundador y es mejor que te dirijas a él como ‘pastor’. Y se sabe de algún encontronazo en el que la superioridad se ha subrayado a través de la indiferencia o por la displicencia en la respuesta. De una forma u otra es muy importante marcar la dominancia y que quede claro el lugar de cada quién. Al fin y al cabo, dejar de ser un simple ‘hermano’ o que ya no se le llame por su nombre de pila le ha costado muchísimo al papa-pastor y ese logro ha de ser defendido, o bien por él o por sus acólitos.

“Visión” es una de las palabras favoritas del papa-pastor. En su arenga también abundan términos como “éxito”, “poder”, “sujeción”, “cobertura”, “decreto”, “influencia”, “gobierno” y “así dice el Señor”. Poco a poco, los hambrientos de pastos sencillos, los que reposan en ambientes humildes, los que desean pensar por sí mismos, los que gustan de mirar a lo alto y no tanto al líder, o los creativos o críticos o analíticos, emigran a manadas más pequeñas y menos populares; o a soledades y parajes de la fe recónditos; o, lamentablemente, a las tierras de la decepción o a cuevas de incredulidad, de las que difícilmente salen. Por eso, se están haciendo cada vez más estudios y documentales que ponen en el foco de atención lo tóxico de ser miembro de la manada de un papa-pastor: es algo potencialmente venenoso para el corazón.

Sin embargo (concluiré el soliloquio con una nota positiva), se sabe de dos o tres casos en los que ‘papa-pastores’ volvieron a ser simplemente ‘pastores’, centrados en agradar al Salvador y en salvar almas por predicar el evangelio y mostrar el amor de Jesús (aunque estas vidas ganadas para Cristo no queden en su propia congregación). Dicen que el proceso de curación es duro, largo y traumático; no obstante, al completarlo, estos pastores, son de los más nobles, contritos y fecundos siervos del reino de Dios.

En fin, solo podemos agregar una pequeña oración: Dios del Cielo, líbranos del papa-pastor de la Tierra. Amén.

Comentarios

  1. He disfrutado mucho tu artículo Ptr. Juan Carlos. Tuve el gusto de estrecharte la mano cuando estuviste por Santa Cruz - Bolivia. Vivo y sirvo como pastor ahi mismo en Ministerio Familiar Abba Padre. Te enviamos un saludo y abrazo en Cristo para la familia y la congregación.
    Danny Cuellar

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    1. Gracias hermano Danny. Me alegro que te haya edificado. En septiembre (D.m.) volveré a Santa Cruz. Espero poder saludarte. Un abrazo

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