Temperamento, carácter y personalidad

Temperamento, carácter y personalidad



¿Es lo mismo temperamento, carácter y personalidad?

 

En mi soliloquio de esta semana querría responder a esta pregunta: ¿Es lo mismo carácter, temperamento y personalidad? Y ¿por qué es importante saber la diferencia? Además, pretendo destacar algunos indicadores de nuestro carácter y, por último, aquellas herramientas que Dios usa para formar nuestra personalidad. Creo que va a ser un soliloquio muy útil.

 

Todos estamos llamados a mostrar la gloria de Dios como Jesús lo hizo: a todo el que es llamado por mi nombre y a quien he creado para mi gloria, a quien he formado y a quien he hecho (Isaías 43:7).

 

TEMPERAMENTO, CARÁCTER Y PERSONALIDAD:


Temperamento es algo innato, genético, heredado, constitucional. Nos es dado; o nacemos con él. Pero el carácter se forma, se desarrolla; tiene que ver con nuestras experiencias y con la educación que recibimos. Juntos, temperamento y carácter forman la personalidad. Personalidad es la forma en la que sentimos, pensamos y nos comportamos.

 

Dios quiere darte una personalidad única y, a la vez, preciosa y de bendición. Que dé gusto vivir contigo. Que seas alguien feliz y que hace felices a los demás. Que seas útil en las manos de Dios y dejes una huella positiva tras pasar por este mundo.

 

LO MÁS IMPORTANTE DE TU PERSONALIDAD NO ES TU TEMPERAMENTO, ES TU CARÁCTER :

 

Dijo Billy Graham: “Cuando se pierde la riqueza, no se pierde nada; cuando se pierde la salud, algo se pierde; cuando se pierde el carácter, todo está perdido”.

 

La multiforme gracia de Dios se ve plenamente en Cristo como lo expresa Hebreos 1:3: Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza. Sin embargo, el propósito de Dios es que, en cada uno de nosotros, aunque sea parcialmente, se vea algo de esa multiforme gracia: Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios (1 Pedro 4:10). 

 

Ahora bien, el Hijo mismo tuvo que desarrollar carácter, es decir, madurar y ser perfeccionado (Hebreos 2:10), en el sentido de hacerse un hombre de Dios, un hombre maduro: Hebreos 5:8-10: y aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció; y habiendo sido hecho perfecto, vino a ser fuente de eterna salvación para todos los que le obedecen, siendo constituido por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.

 

¿PERSONAJE O PERSONA?

 

El Hijo, Jesucristo, tenía un temperamento perfecto, un carácter formado o maduro y una personalidad preciosa y poderosa. Además, Él era siempre la misma persona. No había tal cosa como el personaje público y la persona privada. El personaje era también la persona: eso era lo que lo hacía tan especial y le daba autoridad para decirle a sus discípulos, con los que convivió: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29).

 

“Todo hombre tiene tres variedades de carácter: el que realmente tiene; el que aparenta, y el que cree tener”. Esta cita del escritor francés Alphonse Karr, no fue aplicable al Hijo de Dios. Él tenía una sola personalidad y un único carácter.

 

En cambio, Simón el mago se hizo a sí mismo un personaje. Lo vemos en Hechos 8:9-10: “Y cierto hombre llamado Simón, hacía tiempo que estaba ejerciendo la magia en la ciudad y asombrando a la gente de Samaria, pretendiendo ser un gran personaje;  y todos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención, diciendo: Este es el que se llama el Gran Poder de Dios”.

 

Simón no dejó al Espíritu Santo cambiar su personalidad, santificando su temperamento y transformando su carácter. Por eso, quiso comprar un poder especial y seguir sosteniendo su personaje público, aunque su persona era un desastre. Los apóstoles le dijeron que estaba en hiel, amargura y atado a la iniquidad (Hechos 8:20-23). ¡Qué decepción!

 

He conocido personas que han arruinado su personalidad. Podían haber mostrado un aspecto de la gloria de Dios y, tristemente, no se dejaron tratar por el Alfarero. Mary Anne Evans (1819-1880), en su seudónimo de George Eliot, novelista y poeta inglesa de la Era Victoriana, afirmó que el “carácter no está cortado en mármol; no es algo sólido e inalterable. Es algo vivo y cambiante”.

 

¿QUÉ ES EL TEMPERAMENTO?

 

La psicóloga y periodista Sara Clemente escribe en La mente es maravillosa sobre este tema. “Cuando hablamos de temperamento, nos estamos refiriendo a aquella parte innata de nuestra personalidad determinada por nuestra herencia genética. De ahí que sea considerada como la dimensión biológica e instintiva de la personalidad”. Además, aclara que, al ser de origen genético y fruto de la constitución heredada, el temperamento es difícilmente modificable: “Siempre, de alguna manera, existirá esa tendencia; aunque no es menos cierto que podemos hacernos con recursos para potenciar o inhibir su manifestación”.

 

La teoría de los 4 humores, enunciada por Hipócrates en la Antigua Grecia, fue una de las primeras que intentaron explicar el temperamento. Este médico consideraba que tanto la personalidad como el estado de salud de la persona dependían del equilibrio entre 4 tipos de sustancias: bilis amarilla, bilis negra, flema y sangre. Las llamó humores corporales.

Siglos más tarde, Galeno de Pérgamo, tomando como referencia esta clasificación hipocrática, categorizó a las personas según sus temperamentos. Con ellos, distinguió 4 clases de personas:

 

- Colérico (bilis amarilla): personas apasionadas y enérgicas, que se enfadan con facilidad.

- Melancólico (bilis negra): individuos tristes, fáciles de conmover y con gran sensibilidad artística.

- Flemático (flema): sujetos fríos y racionales.

- Sanguíneo (sangre): personas alegres y optimistas, que expresan cariño a los demás y se muestran seguras de sí mismas.

 

Todos los temperamentos tienen sus fortalezas y también sus debilidades. Ninguno es mejor que otro. Aunque el temperamento influye en nuestras emociones y sentimientos, no nos obliga a actuar de una manera determinada. 

 

Vivir en el Espíritu será una forma de potenciar las fortalezas y sujetar las debilidades de nuestros temperamentos. Nos recomienda Romanos 12:2 (PDT): “No vivan según el modelo de este mundo. Mejor dejen que Dios transforme su vida con una nueva manera de pensar”. 

 

Entender que tu temperamento tiene ciertas debilidades, no es para que te justifiques diciendo “así nací, así soy y así moriré”. Por el contrario, es para que estés consciente de tus carencias y permitas al Espíritu Santo que te transforme, para que cada día seas mejor. Aprender a vencer esas debilidades es desarrollar carácter. Así como potenciar nuestras fortalezas.

 

¿QUÉ ES EL CARÁCTER?

 

Citando nuevamente a la psicóloga y periodista Sara Clemente, “el carácter es la parte de nosotros que viene determinada por el ambiente”. Por lo tanto, “es consecuencia de las experiencias e interacciones sociales que vamos teniendo en nuestra vida y de las que obtenemos cierto aprendizaje”. 

 

Vamos adquiriendo hábitos como parte de nuestro carácter que influyen en nuestro temperamento y lo van modulando, variando, afinando y así, poco a poco, se va conformando nuestra personalidad. Por tanto, el origen del carácter es cultural y evolutivo. Jim Rohn, autor y orador motivacional dijo que “El carácter no es algo con lo que naciste y no puedes cambiar, como las huellas dactilares. Es algo con lo que no naciste y debes asumir la responsabilidad de formar.”

 

LA IMPORTANCIA DEL CARÁCTER:

 

Además de la anterior sentencia de Billy Graham, sobre la tragedia de malograr nuestro carácter, podemos traer a memoria esta otra de Theodore Roosevelt. “El carácter es a la larga, el factor decisivo en la vida de los individuos y de las naciones”. O lo que el poeta romano Publio Siro dijo: “El carácter de cada hombre es el árbitro de su fortuna”.

 

Sin duda, desarrollar carácter es lo que marca la diferencia, ya que, el temperamento solo puede ser potenciado y santificado desde una madurez personal que dará como resultado una personalidad cada vez más parecida a la del Señor Jesús, añadiendo virtud sobre virtud con el paso del tiempo. La idea es que, así como el buen vino, lejos de agriarnos y echarnos a perder al envejecer, vayamos ganando valor, calidad y buen sabor.

 

Pedro, en su segunda epístola nos da la buena nueva de que Dios quiere que seamos partícipes de su naturaleza divina a través de un carácter de gloria y excelencia (2 Pedro 1:3-4). Ahora bien, el apóstol no deja al cristiano como un mero beneficiario de tan altas promesas, sino que, a reglón seguido, insta a sus lectores a que sean diligentes para ir creciendo en virtudes imprescindibles, que no pueden quedarse lejos de nuestra personalidad ni ser un fruto pequeño o escaso en el árbol de nuestro carácter: “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe, virtud; a la virtud, conocimiento; 6 al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; 7 a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. 8 Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo” (2 Pedro 1:5-8).

 

MEDIDORES DE TU CARÁCTER:

 

Volviendo con el pensamiento de Alphonse Karr, puede haber un abismo de separación entre el carácter que realmente tenemos con el que aparentamos y creemos tener. Por lo tanto, es vital para nosotros enfrentarnos con nuestra verdad, descubrir las áreas que no nos gustan de nuestra forma de ser y esforzarnos por mejorar. En esta tarea serán de gran ayuda los medidores de carácter. Quiero destacar especialmente cinco:

1º ABNEGACIÓN

Un poderoso medidor de un carácter maduro es nuestra capacidad de negarnos. La abnegación como parte de mi estilo de vida (sin llegar a ser un espartano o alguien incapaz de disfrutar de las cosas) manifiesta un carácter quebrantado y moldeable.

 

2º EL PODER, LA INFLUENCIA O LOS LUGARES DE AUTORIDAD: 

Si quieres conocer a alguien dale autoridad. En palabras de Abraham Lincoln: “Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder.”

 

3º LO QUE SOMOS EN SECRETO:

“Nuestro carácter es lo que hacemos cuando pensamos que nadie nos está mirando.”

H. Jackson Brown Jr.

 

4º LAS PEQUEÑAS COSAS: 

“Los pequeños hechos revelan mejor que los grandes el carácter de una persona”.

Samuel Smiles (1812-1904). Escritor y reformista escocés.

 

5º LOS TIEMPOS DE ADVERSIDAD: 

“Cuando no sopla el viento, incluso la veleta tiene carácter”.

Stanislaw Lec (1909-1966). Escritor polaco de origen judío.

 

PODEMOS CAMBIAR EL CARÁCTER. SE TRATA DE PONER NUESTRA MEJOR VOLUNTAD:

 

A la hora de mejorar y cambiar nuestro carácter contamos con tres personas que nos ayudan diariamente: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es decir, nuestro Dios está empeñado en formar a Cristo en nosotros. Además, proveerá de ayudas humanas que nos estimulen e instruyan para ser mejores. Por ejemplo, el apóstol Pablo sufría dolores de parto, para que Cristo fuese formado en los gálatas. Solamente Pablo y el Señor saben cuántas noches de desvelo, cuantos tiempos de oración y qué medida de recursos empleó hasta que aquella aspiración que manifestó en Gálatas se viese hecha realidad: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19).

 

FORMADORES DE CARÁCTER:

Y para terminar mi soliloquio os dejo enumerados los siete formadores de carácter más importantes; herramientas que Dios mismo usa para moldearnos:

 

1.     EL SEÑOR 

Él es alfarero, nuestro hacedor (creador) y formador. Isaías 43:7.

 

2.     EL TIEMPO 

Como decíamos antes, el tiempo a algunos, como el buen vino, los hace mejores, y otros los agría o avinagra. Va a depender, entre otras cosas, de dónde se conserva el vino. Y mi barrica de roble es VIVIR ESCONDIDO EN CRISTO (Colosenses 3:3).

 

3.     LAS PRUEBAS Y PADECIMIENTOS:

Las pruebas y padecimientos formaron el carácter del Hijo y también pueden formar el nuestro, siempre que dejemos al Espíritu obrar en nuestros corazones, siendo humildes. Romanos 5:3-4: “Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza”. Con esto concuerda Santiago 1:2-4.

 

4.     OTRAS PERSONAS (MATRIMONIO, FAMILIA, TRABAJO, ESCUELA, IGLESIA).

Por ejemplo, los líderes que nos cuidan y enseñan pueden formar nuestro carácter. Pablo, como mentor o maestro en Cristo, se esforzaba por presentar a todos sus hijos espirituales perfectos o maduros. Colosenses 1:28: “A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo”.

 

5.     LA PALABRA DE DIOS.

2 Timoteo 3:16-17: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra”.

 

6.     LA EDUCACIÓN (LIBROS, ESTUDIOS, IGLESIA).

 

7.     LO QUE ADORAS, IDOLATRAS, ADMIRAS U HONRAS.
El Salmo 115:3-8 y el Salmo 135:18 nos dejan este poderoso principio: Te conviertes en la semejanza de aquello que adoras.

 

EN CONCLUSIÓN:

 

Dios nos llama a ser grandes en personalidad, por lo noble, pura, íntegra y bella que es nuestra forma de ser. Eso no se forma de la noche a la mañana. Tomará su tiempo. Pero debe ser nuestra ambición. Cada uno de nosotros estamos llamados a mostrar la gloria de nuestro Dios y Hacedor:

 

Isaías 43:7

Todo el que es llamado por mi nombre y a quien he creado para mi gloria, a quien he formado y a quien he hecho.





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